Home_PageAdalidMarcial del Adalid

 (España, 1826-1881)







1860 -  El Último Adios. Elegía, op. 10



Otras Obras:
Gran Obertura para orquesta
Sonata para violín y piano en Mi bemol
Sonatina para piano a cuatro manos en Sol



Biografía:
    Compositor y pianista romántico español. Nacido en La Coruña, su privilegiada posición social le permitiría dedicarse enteramente a la música. Tras realizar sus primeros estudios musicales y abordar a temprana edad la composición, fascinado por el arte del eximio Frédéric Chopin, en 1844 se trasladará a París con la pretensión de estudiar el piano con éste; no conseguirá tal propósito, por lo que tendrá que conformarse con estudiar en Londres por un lustro con un creador de muy inferior talla, aunque avezado profesor, el checo Ignaz Moscheles. Desde entonces, el piano dominará su producción musical, pese a una frustrada tentativa en la ópera -‘Inés e Bianca’- y algunos opúsculos orquestales y de música de cámara virtualmente desconocidos. Así y todo, las dos líneas de fuga hacia las que tiende su producción, valga la simplificación, serían el piano romántico y la música popular gallega: de carácter internacional la primera, y muy influenciada por Chopin y John Field, cuyos estilos mimetiza con cierta pericia; y de incipiente signo nacionalista la segunda, en tanto se circunscribe al ámbito de lo gallego a través de una serie de cantares en los que Adalid manifiesta su interés por el folclore de su tierra. Sea como fuere, lo más duradero de su producción reside, pese a sus muy desiguales resultados, en su música para piano, destacando no tanto las sonatas y sonatinas como sus piezas aisladas, ‘El lamento’ (Op. 9), ‘El último adiós’ (Op. 10), o bien las miniaturas, como los ‘Petits riens’, seis pequeños valses en los que se concentran las mejores recetas de su técnica pianística; una música, bien es verdad, a ratos trivial y por lo común desvaída, envejecida, a años luz de las obras maestras de Chopin, de quien Marcial del Adalid no es sino epígono menor, pero que se desmarca positivamente de la rutina que dominaba la vida musical de la España decimonónica. Figura señera y aislada de la música española de su tiempo, Adalid habría de florecer entre París y Londres antes de desvanecerse, a su regreso, en el vacío musical de una España anclada en las tan vulgares como instrumentales baratijas teatrales dominantes: frente a un público que demandaba zarzuelas a la moda, su música pocas posibilidades de difusión podía hallar más allá del entorno local.  © José Antonio Bielsa


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