Home_PagePejacevicDora Pejacevic

 (Croacia, 1885-1923)







1913 - Concierto para piano -  1º Mov.


Biografía:
    Hija de un político y aristócrata croata y de una condesa húngara, Dora Pejacevic nació en Budapest en 1885. Criada en el palacio familiar de Našice (Eslovenia), la considerada como primera compositora croata gozó de una educación privilegiada en la que el ejercicio de la música, alentado por su madre, jugó un papel especialmente destacado. Tras el traslado de la familia a Zagreb en 1903, la joven Dora, que hasta entonces se había formado con profesores particulares, estudia en el Instituto Croata de Música, perfeccionando su formación en Dresde y Múnich, dos de los grandes centros musicales de la época. Pianista y violinista además de compositora, Pejacevic comienza, en los primeros años del nuevo siglo, a difundir sus creaciones en público contando como defensores de algunas de sus obras a la pianista Alice Ripper y al violinista Joan Manén. Culta, curiosa, enérgica e independiente, Pejacevic entra en contacto con la élite intelectual de su tiempo. Es amiga de Rilke y de Karl Kraus, a cuyos textos pone música, como también a algunos de Nietzsche. Schönberg revela al público vienés su Verwandlung, para voz, violín, y órgano, sobre el poema homónimo del creador de Die Fackel, y Oskar Nedbal interpreta en 1918, al frente de la Tonkünstlerorchester de Viena, dos movimientos de su única sinfonía. Los años posteriores a la Gran Guerra coinciden con el apogeo de su fama, viajes constantes (Múnich, Praga, Budapest, Viena) y su matrimonio en 1921 con un oficial austríaco. Desde esa fecha la compositora vivirá en Dresde y Múnich, donde fallece en 1923 de una insuficiencia renal tras el nacimiento de su hijo. Los archivos del Instituto Croata de Música custodian en Zagreb el legado musical de Dora Pejacevic: 57 obras catalogadas entre las que se encuentran cuatro partituras orquestales, numerosas piezas vocales y pianísticas y un sustancioso legado camerístico. Siempre a la búsqueda de lo desconocido, CPO publica ahora, en versiones admirables, cuatro obras perfectamente representativas del quehacer de esta carismática autora. Estrenada en Dresde en 1920, la Sinfonía op. 41 no está exenta de ocasionales prolijidades en su extenso primer movimiento –la obra, concluida en 1917, pasa por ser la primera sinfonía moderna croata junto con la de Franjo Lucic, compuesta el mismo año– pero la inspiración es fresca, su melodismo cálido y las huellas estilísticas que pueden rastrearse (la de Dvorák en el transparente y danzante Scherzo; la de Franck en un Allegro appassionato de elaboración cíclica; la de Tchaikovsky en su temperatura emocional y brillo conclusivo) no emborronan su sinceridad y empuje. La Fantasía concertante para piano y orquesta op. 48 (1919) que cierra el primer disco es ya una obra perfectamente elaborada, sin caídas de tensión y en la que Pejacevic resume en un único movimiento de brillante discurso para el solista la estructura tripartita tradicional del concierto romántico. El repertorio de cámara, fundamental en el conjunto de su obra, está representado por una segunda grabación que reúne dos páginas de más que sobrado atractivo. El Trío para violín, violonchelo y piano nº 2 op. 29 está fechado en 1910 y confirma el grado de madurez estilística y formal alcanzada por la croata en este dominio tras un imperfecto ensayo juvenil de 1902. La Sonata para violonchelo y piano op. 35, compuesta en 1913, revisada en 1915 y estrenada, como la obra anterior, en Budapest, corrobora que el retrato discográfico de esta gran dama de la música, aunque iniciado con injusto retraso, no ha hecho más que empezar.  © Juan Manuel Viana


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