Home_Page TarrBela Tarr

 (Hungría, 1955)


Films:









1979 - 24 años
Nido de familia
T.O.: Családi tüzfészek
Director: Bela Tarr
Música: Mihaly Vig










1984 - 29 años
Almanac of Fall
T.O.: Öszi almanach
Director: Béla Tarr
Música: Mihály Vig










1988 - 33 años
Condena, La
T.O.: Kárhozat
Director: Bela Tarr
Música: Mihaly Vig










1994 - 39 años
Tango de Satán, El
T.O.: Sátántangó
Director: Bela Tarr
Música: Mihaly Vig










2000 - 45 años
Armonías de Werckmeister
T.O.: Werckmeister Harmóniák
Director: Bela Tarr
Música: Mihály Vig










2007 - 52 años
Hombre de Londres, El
T.O.: A londoni férfi
Director: Bela Tarr
Música: Mihaly Vig










2011 - 56 años
Caballo de Turín, El
T.O.: A torinói ló
Director: Bela Tarr
Música: Mihály Vig




Otros Films:

1981 SZABADGYALOG
1982 PANELKAPCSOLAT


Biografía:
    Director húngaro nacido en Pécs. Cineasta ma­gistral cuya actividad creativa es una necesidad vital que brota de las dimensiones más profundas y ocultas de su ser. Su carrera ha sido prácticamente desconocida a causa de su fugaz y escasamente reseñado paso por festivales como Cannes, Bergamo o Berlin, donde se exhibió la alucinante y agotadora El tango de Satán (1994), de 450 minutos de duración, basada en una novela de Laszlo Krasznahorkai. Ahora bien, el oblicuo y defici­tario conocimiento de la obra de Béla Tarr de­muestra hasta que punto las devastaciones de la hipermodernidad han trastornado la percepción y apreciación del cine como forma ar­tística capaz de perturbar a una sociedad que busca, inútilmente, la estabilidad. Lo primero que impacta del cine de Béla Tarr es su lenguaje: delicado, denso, sumido en la materialidad de todos sus elementos visuales. Por ejemplo, recorde­mos la hermética planificación de Nido de familia (1977), con sus primeros planos, excluyendo casi por completo el espacio escénico/fílmico; planifica­ción íntimamente ligada a una portentosa cámara móvil —desprovista de espasmos epilépticos, de bruscos barridos— y a un agudo estudio (nada pa­soliniano) del rostro humano como espacio psi­cofísico, donde las emociones explican, a un mis­mo tiempo, la intimidad de los personajes y la ma­nera con que los actores la viven como parte de su individualidad. La condena (1987), una obra maes­tra absoluta, es un tor­bellino de sensaciones, de emociones tortuosas y sublimes que van desde la más arrebatadora fascinación hasta la mas hiriente amargura. En Armonias de Werckmeister (2000) ahonda, tal vez sin tanta venenosa pasión, en su enfática construcción formal mediante el usa de tomas largas y planos secuencia, parsimoniosos, ingrávidos movimientos de cámara y la experi­mentación con el fluir del tiempo dentro del plano, de la secuencia misma, y del sonido como música atonal.  © Antonio José Navarro


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