Home_PagePedro de Camprobín

 (España, 1605-1674)











1635 - 30 años
Mesa de escritorio con tazón de fruta
Óleo sobre lienzo.
Fundación Banco Santander
65 x 110 cm.










1640 - 35 años
Naturaleza muerta con fruta
Óleo sobre lienzo.
Colección particular
55 x 76 cm.










1650 - 45 años
El caballero y la muerte
Óleo sobre lienzo.
Hospital de la Caridad. Sevilla
100 x 162 cm.










1665 - 60 años
Jarro de flores
Óleo sobre lienzo.
Colección particular
83 x 67 cm.



Biografía:
    Pintor español nacido en Almagro. Entre 1619 y 1624 fue discípulo de Luis Tristán en Toledo, que asimismo se formó con El Greco, el cual incluía pequeños bodegones en sus pinturas de asuntos religiosos. A pesar de que Camprobín realizase todo tipo de bodegones, parece ser el primer especialista en la pintura de flores en Sevilla, ya que antes de él no se conoce ningún cuadro dedicado a la representación exclusiva de flores en la ciudad hispalense. Sus bodegones de flores, frutas y aves de caza pintados al óleo en torno a 1650 y 1660 presumen de gran variedad de motivos y composición. El sensual seguimiento de la luz, el exquisito tratamiento de la línea, la sutil diversificación de colores y las pinceladas vitales y fluidas dan, sobre todo a sus floreros verticales, una atmósfera particular y extraordinariamente elegante. Mientras que varios fruteros de Camprobín dan testimonio del conocimiento de los bodegones de Francisco de Zurbarán, no sólo por las semejanzas compositivas y de motivos, sino por copiar fielmente elementos ya pintados por éste, algunos de sus bodegones con aparadores escalonados en piedra y distintos tipos de dulces evocan, sin embargo, el ejemplo de artistas madrileños, tales como Juan Van der Hamen y Francisco Barrera. Otro vínculo que acerca a Camprobín a estos artistas es la inclusión de paisajes en algunos de sus bodegones de mayor tamaño; tras hacer pasar la vista del espectador por encima de instrumentos musicales, cacharros, dulces y frutas, y por delante de una cortina recogida, se abre el panorama de un paisaje arquitectónico con rasgos escenográficos. Un elemento destacado de estos extraños y deshabitados banquetes, pero también de sus pequeñas pinturas de flores y frutas, es la mariposa, que escasea en el arte español, pero que en el arte neerlandés de esta índole suele representar simbólicamente el alma.  © Félix Scheffler


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