Cartas Pehuenches (fragmento)Juan Egaña

Cartas Pehuenches (fragmento)

"Inmediatamente condujo a Julián al más frecuentado de los clubs, nombrado de los patriotas tricolores. Se hallaban muchos de éstos en un gran salón, donde se acomodaron nuestros europeos en un rincón abandonado, y casi invisible. Allí se declamaba actualmente sobre los errores y mala versación de algunos funcionarios: sobre la protección que se dispensaba a personas indignas e imperitas; se improbaban todas las medidas públicas: se insultaba con ironía los defectos casuales de nacimiento, exterioridad, etc; en fin, todos se calificaban de malos, y a nadie se perdonaba. "¿Oyes, Julián?" (le dijo) aquí tienes la escuela de labrar desunidos y descontentos sin provecho. En todo gobierno tiene derecho el pueblo para censurar las gestiones públicas de sus magistrados; pero la justicia también le impone la obligación de elogiar la virtud, proclamar el mérito, y descubrirlo por oculto que se halle, sin rubor, y sin envidia, y a fuerza de honrarlo avergonzar a esas mismas magistraturas que acusan de no distinguirlo. A fe mía que aunque nos mantengamos aquí diez horas, no escucharemos una confesión de esta clase. Estos señores mezquinos del ajeno aplauso, que nada hallan grande y heroico cuando está cerca de ellos, y que tanto les choca la elevación de la virtud como la modestia del mérito, para sostener su propio orgullo se fundan en unos principios capaces de arruinar por sí solos el sistema político más bien consolidado. "


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