El adiós a Matyora (fragmento)Valentin Rasputin

El adiós a Matyora (fragmento)

"Tratando de calmarse, miró alrededor. Miró una vez y una vez más, y luego una tercera vez.
Desde aquí, la cima de la isla, pudo ver cómo se extendía todo bajo su mirada -el Ángara, las distantes costas extranjeras, y su Matyora, semejando una simple aldea con Pogmoda más allá de los pinares, de modo que los confines de la isla se extendían casi hasta el horizonte con el único contorno de un borde brillantemente acuoso. La amplia bifurcación fluvial sobresalía en su desdoblamiento, colmando la orilla opuesta, penetrando en su interior y tendiendo a enderezarse en la distancia, precipitándose fluida y copiosamente. El margen izquierdo se presentaba más cercano y apacible, justo a esa hora en la que los rayos del sol parecen inertes. En Matyora solían llamarlo Nuestro Angará. Ése era el semblante de la aldea, dispusieron sus botes para seguir el curso del agua y allí los niños contemplaron aquel mundo, del que conocían hasta la última piedra, y tras el canal, cuando aún tenían el koljós, retuvieron sus campos, los cuales únicamente ahora habían sido abandonados.
Y aquella isla serena y tranquila, predestinada a ser su hogar con sus claros límites, más allá de los cuales no había terreno sólido, sino sólo agua. ¿Entre sus confines y de costa a costa había suficiente espacio, y riqueza, y belleza, y vida salvaje, y animales en parejas -lejos del continente, encontrarían todo lo suficiente- y era esa la razón por la que aquella tenía el orgulloso nombre de Matyora? Y permaneció tranquila, muda -recolectando los jugos del primer estío: el campo que se hallaba a la diestra de la colina, en el que Darya había dispuesto una gruesa cubierta de verde trigo de invierno y tras ella emergía el pálido bosque, aún desprovisto de hojas, con sus manchas oscuras de pino y abeto; por allí pasaba el camino que conducía a Pogmoda. "



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