El aire de un crimen (fragmento)Juan Benet

El aire de un crimen (fragmento)

"El capitán —en un camastro en casa de Modesto— fue despertado a primera hora de la mañana del martes por las voces de Carburo; al cadáver se lo iban a comer los cuervos. La idea surgió ante el mostrador de Modesto y acaso fue sugerida por el propio Carburo; la primera y última idea que tuvo en su vida surgida acaso por concomitancia ante el vaso de castillaza que a la altura de sus ojos constituía todo su desayuno. Una de las curiosidades de la casa era una botella de castillaza de un litro, de línea elegante y vidrio muy claro, que contenía una salamandra inmersa en el licor; se trataba de un bicho de no menos de veinte centímetros que conservaba todo su color y una aparente viveza (pues incluso pestañeaba); agitada la botella con energía y colocada luego en posición horizontal de entre las oliváceas burbujas del aguardiente surgía el pequeño monstruo nadando en castillaza con toda la gala de sus movimientos, acentuada su elegancia por su lasitud. Una vez más el capitán Medina se comprometió a llevar a cabo la gestión. A eso de las diez de la mañana estaba de vuelta en casa de Modesto, con el placet de Segundo Carrión, el cosechero, para realizar la operación. Dijo que no fue difícil, contra lo que él se temía; que no puso grandes reparos, que no lo consideró como una anomalía. Que incluso —vino a sugerirle, con palabras un tanto enigmáticas— sabía él que ya se había hecho en otra ocasión, en otra bodega. Que no era la primera vez. En cambio, nada le había dicho del principio de descomposición. Con excepción de Domingo Cuadrado —quejándose siempre de su mucho trabajo, de no gozar nunca de ayuda— los mismos que lo depositaron en la nevera la noche anterior, fueron a recoger el cadáver con el carro de aquél. Era una mañana de un calor terrible, un calor que rebotaba en los graznidos de grajos y cornejas, camino del cementerio; que había extendido sobre tapias, cipreses, cielo y lomas una capa de ultraterreno aceite para preservarlos de la menor movilidad. Cuando se aproximaron echaron a volar los grajos, la sombra de unas alas cruzó el camino, un rabo y un trasero de color canela se ocultaron tras un declive. "


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