El acoso de las fantasías (fragmento)Slavoj Zizek

El acoso de las fantasías (fragmento)

"El objeto que encarna el plus de goce fascina al sujeto, lo reduce a una mirada pasiva observando impotentemente al objeto; esta relación, desde luego, es experimentada por el sujeto como algo vergonzoso, indigno. Ser directamente paralizado por el objeto, someterse pasivamente a su poder fascinante; a fin de cuentas es algo intolerable: la demostración abierta de la actitud pasiva de "gozarlo" de algún modo priva al sujeto de su dignidad. La interpasividad debe, por lo tanto, ser concebida como una forma primordial de la defensa del sujeto contra la jouissance: difiero la jouissance al Otro que la tolera pasivamente por mí (se ríe, sufre, goza...): en este preciso sentido, el efecto del sujeto supuesto gozar, es decir, el gesto de trasponer la jouissance propia al Otro, es quizás incluso más primordial que la de "sujeto supuesto saber" o "sujeto supuesto creer". Ahí radica la estrategia libidinal del perverso que asume la posición del instrumento puro del goce del Otro: para el perverso (masculino), el acto sexual (coito) involucra una clara división de funciones en la cual él se reduce a sí mismo a un mero instrumento para el goce de ella; él está haciendo el trabajo pesado, realizando los gestos activos, mientras la mujer, transportada por el éxtasis, lo tolera pasivamente y contempla el vacío... En el curso del tratamiento psicoanalítico, el sujeto debe aprender a asumir directamente su relación con el objeto que encarna su jouissance, pasando por alto al apoderado que goza por él, en lugar de él. La pasividad fundamental rechazada de mi ser es estructurada como fantasía fundamental, que si bien me resulta, a priori, inaccesible, regula el modo en que me relaciono con la jouissance. Por este preciso motivo, es imposible para el sujeto asumir su fantasía fundamental sin sufrir la experiencia radical de la "destitución subjetiva": al asumir mi fantasía fundamental, tomo sobre mí la esencia pasiva de mi ser, es decir, el núcleo, la distancia en relación con la cual se sostiene mi actividad subjetiva.
La sustitución del objeto por el sujeto es así, en cierto modo, aún más primordial que la sustitución del significante por el sujeto: si el significante es la forma de "estar activo a través de otro", el objeto es la forma de "estar pasivo por medio del otro", es decir, el objeto es primordialmente el que sufre, soporta por mí, en mi lugar -en pocas palabras, el que goza por mí.
Así, lo que resulta intolerable en mi encuentro con el objeto es que en él, me veo a mí mismo bajo la forma del objeto sufriente: lo que me reduce a un fascinado observador pasivo es la escena de mí mismo soportando pasivamente... Lejos de ser un fenómeno excesivo que ocurre sólo en situaciones extremas "patológicas", la interpasividad en su oposición con la interactividad (no en el sentido estándar de interactuar con el medio, sino en el sentido extremo de otro haciéndolo por mí, en mi lugar), es así la característica que define el nivel más elemental, el mínimo necesario, de subjetividad: para poder ser un sujeto activo, debo deshacerme de -y transferir al otro- la pasividad inerte que contiene lo más denso de mi ser sustancial. En este preciso sentido, la oposición significante-objeto se sobrepone con la oposición interactividad-interpasividad: el significante es interactivo, está activo en mi lugar, mientras que el objeto es interpasivo, sufre por mí. El transferir de uno a otro mi propia existencia pasiva es un fenómeno mucho más extraño que el de estar activo a través de otro: en la interpasividad estoy descentrado en una forma mucho más radical que en la interactividad, puesto que la interpasividad me priva de la esencia misma de mi identidad sustancial. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com