El ardor de la sangre (fragmento)Irene Nemirovsky

El ardor de la sangre (fragmento)

"Vosotros ibais andando detrás del carro y el campesino guiaba el caballo. Entonces, como pensabais que nadie os veía, os parasteis en medio del camino y os besasteis... ¿Te acuerdas? Pero en ese momento yo saqué la cabeza de debajo de las ramas, que formaban como una casita, y grité: «¡Os he visto!» Y vosotros os echasteis a reír. ¿Te acuerdas? Y esa noche paramos en una casa muy grande donde no tenían electricidad ni apenas muebles, pero en mitad de la mesa del comedor había un enorme candelabro de cobre amarillo... Qué curioso... Había olvidado todo eso y ahora lo recuerdo. Pero puede que fuera un sueño.
-No -dijo François-. Era Coudray, donde vivía la vieja tía Cécile. Tenías sed y llorabas, así que entramos para que te diera un vaso de leche. Tu madre no quería, no recuerdo por qué; pero, como no parabas de llorar, cedió para que te callaras. Entonces tenías seis años.
-Espera... Ahora recuerdo muy bien a una señora mayor que llevaba una pañoleta amarilla sobre los hombros y a una niña de unos quince años. Entonces esa chica... ¿era su pupila?
-Pues claro, tu amiga Brigitte Declos. Aunque debería decir Brigitte Ohnet, puesto que está a punto de casarse con ese chico.
Colette se quedó callada y miró pensativamente por la ventanilla.
-Así pues, ¿es verdad? -preguntó al cabo de unos instantes.
-Sí, parece que el domingo leen las amonestaciones.
-¡Ah! -murmuró Colette, y sus labios temblaron; pero, con voz firme, añadió-: Espero que sean felices.
No volvió a abrir la boca hasta que François cogió el camino más largo a Maluret, que no pasaba por el Molino Nuevo. Tras unos instantes de vacilación, se inclinó hacia él y le tocó el hombro.
-Por favor, papá, no creas que volver a ver el molino me resultará doloroso. Al contrario. Comprende que me fui de allí el mismo día en que enterramos a Jean, y todo estaba tan oscuro y tan triste que conservo un recuerdo lúgubre, y... y en cierto modo no es justo. No, no es justo para Jean. No puedo explicarlo, pero... Él hizo todo lo que pudo para que yo fuera feliz y amara esa casa. Me gustaría exorcizar el recuerdo -añadió bajando la voz, apurada-. Me gustaría volver a ver el río. Puede que eso me cure del miedo al agua. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com