Ágata ojo de gato (fragmento)José Manuel Caballero Bonald

Ágata ojo de gato (fragmento)

"Dos largos días tardó, sin embargo, en dispersarse netamente hacia el supuesto rumbo de la algaida aquella descomunal caterva de insectos, y seis más duraron las más inmediatas faenas de limpiezas, fumigaciones, exorcismos y aproximados cómputos del desastre. Si en la casona sólo hubo que barrer, como primera medida, los cadáveres acumulados y soportar la aceda impregnación de los humeríos, en el parque no fue habida cosa alguna sin la mácula devoradora de la plaga. Junto al osario de arbustos y pérgolas, todo el floreciente entorno de la quinta —a diario salvado del zarpazo de la salitrera y la lengua infecta del pantano— yacía confundido en un vertedero de heces con aspecto de murcielaguina, por donde alentaba aún el revoloteo de algún insecto moribundo o el arrastre de las larvas y crisálidas surgidas durante la apocalíptica invasión.
Verificó Pedro Lambert sobre el terreno, no como víctima sino como adversario, la redonda magnitud arrasada, y lo primero que se le ocurrió hacer fue algo aparentemente irreflexivo pero que supondría a la larga la más duradera y nutricia defensa del jardín: dar orden de que incendiaran con petróleo lo que en ningún caso eran rastrojos enfermos sino apiñaduras de podres y gusanos, creando así una especie de cimentación orgánica que impediría durante años las tercas corrupciones emanadas de la ciénaga. Hecho esto, y después de platicar en privado con don Juan Crisóstomo, convino Pedro Lambert en que era llegada la hora (según los avisos astrales que coincidieron con el vuelo exterminador) de contraer nupcias con la mujer a quien ya había elegido y dado formal palabra de matrimonio. La electa no era otra que Araceli Responsorio, hija tercera de los muy afamados don Rogelio Responsorio y doña Matilde Responsorio, pertenecientes entrambos primos carnales al clan de más opulenta genealogía radicado desde muy antiguo en toda aquella comarca. De forma que eso fue lo que decidió Pedro Lambert y aplaudió con falsas euforias Ojodejibia, aunque no lo hicieran público todavía, imaginando quizá que la trascendencia de la determinación y las poco favorables circunstancias que la habían sugerido, exigían una prudente tregua de invocaciones ocultas y ratificación de pronósticos. "



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