El cortijo (fragmento)Aluísio Azevedo

El cortijo (fragmento)

"Se suicidó antes de ayer mi triste amigo Boaventura da Costa. Pobre Boaventura! Jamás el infortunio encontró asilo tan cómodo para sus traicioneras maniobras como en aquel cuerpo enjuto, arqueado y seco, cuyo físico exiguo, en contraste con la rara grandeza de su alma, muchas veces me llevó a pensar seriamente en la injusticia de los cielos y en la desequilibrada desigualdad de las cosas de la tierra. No conocí a una criatura de mejor corazón, ni de peor estrella. Poseía el desgraciado los más famosos dotes morales de los que es susceptible un animal de nuestra especie, escondidos sin embargo en la más ingrata y comprometedora figura que hasta hoy vieran mis ojos entre la interminable cadena de los tipos ridículos. El libro era excelente, pero la encuadernación detestable. Imagínese un hombrecillo de cinco pies de altura, con una cabeza grande y fea, casi sin frente, ojos hundidos, pequeños y descabellados; nariz de forma dudosa, boca sin expresión, gestos vulgares, ninguna señal de barba, brazos cortos, pecho estrecho y piernas arqueadas; y tendrá una idea del tipo de mi malogrado amigo.
(...)
En cualquier conflicto, en la calle, en un café o en un autobús, era una señora ridiculizada, o un viejo víctima de alguna violencia, o un niño golpeado por alguien más fuerte que él, Boaventura tomaba las aflicciones de la parte débil, se revolvía indignado, castigaba con palabras enérgicas al culpable; pero ninguno, ninguno le atribuía la paternidad de tan generosa acción. Tanto que, cuando en su presencia se cometía cualquier acto de desaire, cuyo autor fuese después descubierto, todos le miraban desconfiados, y en cada rostro el pobre Boaventura percibía una acusación tácita. Y lo peor es que en estas ocasiones, en que tan injustamente era tomado por otro, se quedaba el desgraciado tan confuso y perplejo, que en vez de protestar, comenzaba a empalidecer, a engullir en seco, agravando cada vez más su dura situación. Otro doloroso infortunio suyo era el de parecerse a todo el mundo. Boaventura no tenía fisonomía propia, tenía un poco de toda la gente. De ahí las confusiones en que él, a pesar de tan bueno y tan pacífico, vivía siempre tan enredado. Tan de prisa lo tomaban por un actor, como por un padre, o por un barbero, o por un policía secreto; lo tomaban por todo y por todos, menos por Boaventura da Costa, joven soltero, encargado público, persona honesta y de buenas costumbres. "



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