El pequeño Gulliver (fragmento)Louisa May Alcott

El pequeño Gulliver (fragmento)

"El viejo Dan era el tío de Davy; era éste un hombre hosco y sombrío, que hablaba muy poco, cumplía escrupulosamente con su cometido, y hacía las veces de padre y madre del muchacho, que era huérfano y no tenía amigos más allá de la isla. Ésta constituía para Davy todo su mundo, y allí llevaba una vida plena y tranquila entre sus compañeros de juego, los vientos y las olas. Rara vez iba a tierra firme, a escasas tres millas de distancia, porque se encontraba más a gusto en su casa. Observaba a las anémonas de mar abiertas bajo del agua, que se le antojaban plantas del país de las hadas, brillantes y extrañas como son; encontraba curiosas y bonitas conchas y caracolas, y a veces los más valiosos tesoros procedentes de algún naufragio, arrojados por la marea; veía pequeños cangrejos, feas langostas amarillas y raros cangrejos herradura con sus colas rígidas. A veces una ballena o un tiburón nadaban en los alrededores, y con frecuencia lustrosas focas negras se acercaban a tomar el sol en las cálidas rocas. Reunía preciosas algas marinas de todas clases, desde las diminutas telarañas rojas, a las algas pardas cuyas grandes hojas festoneadas eran más altas que él. Escuchaba a las olas estrellarse y rugir incesantemente, y a los vientos aullar o suspirar sobre la isla; y las gaviotas graznaban con voz estridente, mientras se lanzaban y zambullían, o planeaban más allá para escoltar a los barcos que iban y venían de todas partes del mundo.
Junto a Nep y Gulliver recorría su pequeño reino mágico: nunca se cansaba de sus maravillas; o bien, si la tormenta se desataba, se sentaba en la torre, seco y seguro, a contemplar la confusión del mar y el cielo. A menudo, en las largas noches de invierno, permanecía despierto escuchando el viento y la lluvia, que hacían vibrar la torre con su furia; pero jamás sintió miedo, pues Nep se acurrucaba a sus pies, Dan se sentaba cerca de él, y por encima de todos, en la oscura noche, brillaba la gran lámpara, para confortar y guiar a todos los vagabundos del mar.
Cerca de la torre colgaba la campana de niebla, la cual, estando con toda su cuerda, sonaba durante toda la noche a modo de advertencia. Un día, el viejo Dan descubrió que un elemento del mecanismo de la campana estaba roto; y, después de haber intentado en vano arreglarlo, decidió ir a la ciudad para comprar la pieza que necesitaba. Él, normalmente, iba una vez por semana a la tierra continental y dejaba a Davy en la isla, pues durante el día no había casi nada que hacer, y al chico no le daba miedo quedarse solo. "



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