El círculo de los Mahé (fragmento)Georges Simenon

El círculo de los Mahé (fragmento)

"Péchade sólo pudo levantar los ojos al cielo. No había resistido el shock operatorio. Una hora más tarde, todo había terminado, sin que hubiese recuperado el conocimiento. Las monjas se preparaban para amortajarla cuando el doctor oyó voces, como una discusión en el corredor.
Era la vieja Papin que estaba allí con su maleta y pretendía entrar.
—Dígales, monsieur François, que es su mamá la que me pidió que viniera. Y hasta he traído sus cosas, como ella me ordenó…
Él asintió con la cabeza, incapaz de hablar. Y la vieja Papin se quedó un largo rato sola en la habitación con una de las hermanas.
Por la tarde, devolvían el cadáver a Saint-Hilaire, tal como madame Mahé había previsto. La vieja Papin cobraba importancia.
—Oiga, monsieur François, su mamá me dijo que no hicieran nada antes de leer lo que pone el cuadernito que está escondido debajo de una pila de sábanas en la cómoda…
Entonces pudieron comprobar hasta qué punto la moribunda se había preocupado de los detalles más nimios. Incluso del sitio donde se encontraban los cirios, incluso de las palmatorias que había que usar para la capilla ardiente, las dos palmatorias de plata del salón.
Había un inventario completo de lo que contenían todos los muebles de la casa, y madame Mahé había pensado en todo el mundo, había previsto pequeños legados para cada uno, incluidos parientes lejanos a los que no habían visto desde hacía veinte años.
También encontraron una lista de las personas a quienes había que avisar, e instrucciones para el notario. Había pensado en los impuestos de sucesión y había procurado reducirlos al mínimo.
Fue un entierro muy bonito. Estaba todo Saint-Hilaire, y personas de los pueblos vecinos, y hasta de Bressuire y de Cholet. Algunos llegaban en coche, o en bicicleta. Otros venían a pie del pueblo de al lado, que tenía estación de tren, y se formaban largas comitivas en la carretera, refrescada ese día por un aguacero.
El doctor tenía los ojos enrojecidos y parecía no ver nada, pues tropezaba con los muebles y estrechaba la mano de la gente con cara de no reconocerla, balbuceando maquinalmente. "



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