Compostela y su ángel (fragmento)Gonzalo Torrente Ballester

Compostela y su ángel (fragmento)

"Herman Künig, fraile y peregrino, escribió, de vuelta del viaje, un curioso libro, mínimo en su volumen y al parecer en verso, destinado a la información y consejo de caminantes a Compostela. Lleva el título de La peregrinación y camino de Santiago, por Herman Künig de Vach, y fue publicado en 1495.
Se advierte en él que el camino propiamente español comenzaba, pasada Pontem Reginam, en cierta villa que el fraile llama Gruninga, y el Calixtino Grugnus y nosotros Logroño. «Lagrona se llama en welsch», añade, como aclaración, el fraile tudesco, y a partir de ella, explica, pierden su valor los coronados, sustituidos ahora por maravedís, cuyo conocimiento conviene al peregrino.
Donde se ve que entonces España era Castilla, y Navarra todavía no era España. Nosotros, sin embargo, con ideas algo distintas de las del servita alemán, contaremos el Camino Español por lo menos desde Pontem Reginam, indicando que Iacca y Pampilonia (no cabe duda de que sus nombres presentes, Pamplona y Jaca, han ganado en eufonía) eran las ciudades importantes hasta ella, dentro ya del territorio peninsular.
Puesto en Pontem Reginam el caminante, su primera jornada se consumía en Nájera, después de haber pasado por Stella, Arcus, Grugnus y Villa Rubea. En Nájera, en sus hospitales, daban al peregrino todo lo que quería, si por amor de Dios pedido. Debía precaverse contra la gente burlona del Hospital de San Iago y de las alborotadoras hembras que allí servían.
Desde Nájera a Burgos consumía otro día, por Sanctus Dominicus, Radicellus, Belfuratus, Francavilla, Montes de Oca y Altaporca. En Santo Domingo de la Calzada, buen hospital, hallaba de comer y de beber, y por si la ración no bastaba, podía repetirla en Villafranca, en el Hospital de la Reina.
Para remedio de hambrientos, enfermos y fatigados, había en Burgos treinta y dos hospitales, de los que cita Künig el Real y el de la Gallinita, quizá por el curioso nombre. Era ciudad de hermosas torres góticas, las mismas que ahora se ven; pero eso fue al final del siglo XV. Cuando desde su recinto se mandaba en Castilla, sería más humilde su ornato, y más castrense; pero el río llevaba la misma canción.
Otra jornada: desde Burgos a Frumesta, ahora Frómista, y es lindo nombre, por Alterdallia, Furnelos, Castroserecia y Pons Fiterio.
Comenzaba en Frómista la cuarta, hasta Sanctum Facundum, o Sahagún, tierra de labor, con antiguo y famoso monasterio y varias iglesias que fueron hitos en el arte románico. Pasaba por Karrión, villa óptima, abundante en pan y vino y en toda fertilidad, título de condes, pero no tan excelente como Sahagún, ante cuya ubérrima campiña se desataba en elogios el Calixtino.
De Sahagún a León, o Legionem, se pasaba por Manxilla. León era ciudad de reyes y curiales, llena de toda felicidad, y en ella se asentaban los Caballeros de Santiago. Cuando ya las peregrinaciones habían pasado, purgó allí sus culpas políticas Francisco de Quevedo: no sería, en su amargo recuerdo, villa feliz. Su Colegiata de San Isidoro, custodio de un cuerpo santo e ilustre, ofrece todavía el mayor interés al curioso caminante. Es también tierra de hermosos cantares.
Llegaba la jornada siguiente hasta Raphanellus, o Rabanal del Camino, por Orbega o Puente Órbigo, ciudad notable por el hospital y el puente, y por el paso de don Suero de Quiñones; en Astorga, otra etapa, se partían las veredas, pero la más corriente buscaba el valle de Ponferrada, de admirable castillo según el fraile alemán, y por Cacabellus se llegaba a Villafranca de Bucca Vallis, o del Bierzo, como decimos nosotros, ya cobijada junto a los montes que guardan la entrada de Galicia, montes famosos del Cebrero, donde se dice que un cura incrédulo vio cómo las Especies de la Consagración cobraban entre sus manos los accidentes de carne y sangre.
Las etapas siguientes y postreras llegaban hasta Triacastella y Palacium Regis, Palas del Rey en los mapas actuales, y pasaban por Lugo, famoso en todo tiempo por su Sacramental privilegio.
Al final alzaba Compostela sus nueve torres, pero antes de divisarlas, los peregrinos lavaban en el río sus vergüenzas, y el lugar en que esto hacían se llama en nuestro tiempo Labacolla. "



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