El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (fragmento)Charles Bukowski

El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (fragmento)

"Yo creo que trabajé demasiado tiempo, a lo largo de mi vida, como trabajador manual. Trabajé como tal hasta los 50 años. Esos cabrones me hicieron acostumbrarme a ir todos los días a un sitio y quedarme allí durante muchas horas y luego regresar. Me siento culpable mariposeando por ahí. Así que acabo en el hipódromo, aburrido y, al mismo tiempo, volviéndome loco. Reservo las noches para el ordenador o para beber o para las dos cosas. Algunos de mis lectores creen que me encantan los caballos, que la acción me emociona, que soy un jugador entusiasta, un verdadero tipo duro, profesional de las apuestas. Me llegan libros por correo sobre caballos y carreras de caballos y sobre historias del hipódromo y etc. Me importa un carajo todo eso. Voy al hipódromo casi a regañadientes. Soy demasiado idiota como para pensar en otro sitio adonde ir. ¿Dónde, dónde, durante el día? ¿Los Jardines Colgantes? ¿Al cine? Demonios, que alguien me ayude, no puedo hacer vida social con las señoras, y la mayoría de los hombres de mi edad están muertos, y si no están muertos deberían estarlo, porque sin duda lo parecen.
He intentado alejarme del hipódromo, pero me pongo muy nervioso y me deprimo, y esa noche no tengo savia que infundirle al ordenador. Supongo que sacar mi culo de aquí me obliga a mirar a la Humanidad, y cuando miras a la Humanidad TIENES que reaccionar. Es sencillamente demasiado, un continuo espectáculo de los horrores. Sí, me aburro allí, y aquello me aterroriza, pero también soy, hasta ahora, una especie de estudioso. Un estudioso del infierno.
Pero ahora mismo, son las caras de los jugadores, caras de cartón, horribles, malvadas, vacías, avariciosas, caras agonizantes, día tras día. Rompiendo sus resguardos, leyendo sus diversos periódicos, mirando los cambios en el cartel de las apuestas mientras los van reduciendo a menos y a menos, mientras yo estoy allí con ellos, mientras yo soy uno de ellos. Estamos enfermos, somos los pringados de la esperanza. Nuestras pobres ropas, nuestros viejos coches. Nos movemos hacia el espejismo, nuestras vidas malgastadas como las de todos los demás. "



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