El hijo del acordeonista (fragmento)Bernardo Atxaga

El hijo del acordeonista (fragmento)

"Ubanbe iba a continuar pero el humo del puro le hizo toser. «Si Pancho lo vio o no, eso es algo que nadie sabe —dijo Adela—. Lo único seguro es que algunos le creísteis, y la historia corrió de boca en boca». «¡En Obaba todo el mundo se lo creyó, por si no lo sabes!». Ubanbe volvió a golpear la mesa. Adela negó con la cabeza. «Tu madre vino a hablar con Lubis —dijo, dirigiéndose a mí—. Carmen es de este barrio, nos conoce bien. Y claro, quiso hablar con Lubis. No con este Ubanbe ni con Pancho. Lubis no pasaría entonces de los doce años, pero de cabeza ya andaba diez veces mejor que todos éstos. Y el chico se lo explicó con toda claridad. Que con Pancho no se podía uno fiar. Que siempre andaba con historias verdes, y que era capaz de inventarse cualquier cosa. Y Carmen se fue tranquila». «¡Cuánto sabes, Adela!», exclamó Ubanbe. Tenía los ojos cerrados. «Márchate a casa antes de quedarte dormido. Y déjanos en paz», le ordenó Adela.
Ubanbe se levantó por fin, y se remetió la camisa blanca en el pantalón. Sostenía el puro en la comisura de los labios. «¿Cómo es que sabes tanto, Adela? Todavía no me lo has contado». Adela no le respondió a él, sino a mí: «Lo supe gracias a Beatriz». Ubanbe se encontraba en el umbral de la puerta de la cocina. «Pues, si sabes tanto, cuéntale cómo encontramos a Lubis de allí a dos días». «¿Cómo?», pregunté. «Todo lleno de sangre. La cara, el pecho, todo. Allí estaba, agachado en la orilla del río, frotándose las manchas y limpiándose. ¿No lo sabías?». Le hice un gesto negativo. «Te hacía más listo», me dijo Ubanbe con desdén.
Adela y yo nos quedamos solos en la cocina. «¿Quién le pegó? ¿Mi padre?», le pregunté. «Ángel andaba como loco con aquella historia. Y no era de extrañar. Todo el mundo lo señalaba. Y pensó que tenía que ser Lubis el culpable, porque había hablado con Carmen. Y pasó lo que pasó. Tuvo toda la cara hinchada. ¿Y sabes quién cuidó de él hasta que se puso bien? Pues Carmen. Carmen estaba muy apenada. Le pidió a Beatriz que le dejara cuidar del chico. Solíamos estar todos allí, a la puerta de casa. Don Hipólito también. Y Lubis se curó antes de lo que nadie esperaba». "



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