El elegido (fragmento)Thomas Mann

El elegido (fragmento)

"Cuando por primera vez su mujer Mahaute lo vio trabajar en la construcción del establo, levantó los brazos al cielo y manifestó enorme extrañeza ante lo que hacía, pobre como era, y para qué. Pero él no dijo nada. Cuando después llegaron dos vacas, un poco más tarde otras dos más, luego la pocilga y los cerdos, a continuación el cuarto y finalmente el campo de nabos, ella se extrañó terriblemente, y ante cada novedad puso el grito en el cielo:
—¿Es que te has vuelto loco? Por amor de Dios, hombre, ¿qué te ha dado en la cabeza y a dónde iremos a parar con nuestra miseria? Dios nos asista, hombre, ¿de dónde sacas el oro para toda esta abundancia? ¡No teníamos más que podridos alimentos! ¡Hombre, esto no puede ser nada bueno, y ahora ya cultivas zanahorias! ¡Si no me dices de dónde sacas el dinero, voy a creer que tienes tratos con el demonio!
—¿No te prohibí por mi cincho que jamás hicieras preguntas? —amenazó el marido.
—¡Es por el niño por quien me prohibiste preguntar, no por el dinero!
—Te prohibí toda clase de preguntas —dijo el marido.
—¿Así que no puedo preguntar nada? Reúnes tesoros y te haces con vacas y cerdos por arte de hechicería, ¿y no puedo preguntar cómo lo consigues?
—Mujer, una palabra más y me quito el cincho y te hago poner el grito en el cielo por otras razones.
Entonces ella calló. Pero una noche en que él buscaba su cuerpo, ella no dejó que se le acercara si antes no le revelaba cómo había sido lo del niño; que él y su hermano lo habían salvado del temporal con las manos ateridas, y el abad lo había descubierto y le había dado dos marcos de oro para que lo criaran para el monasterio. Pero de quién era hijo y quién lo había librado al mar en el tonel, nadie lo sabía. "



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