Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad (fragmento)James Boswell

Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad (fragmento)

"Entre los siglos X y XIV, la economía de Europa occidental, fragmentada, rural y en general deprimida desde la quiebra del Imperio Romano, experimentó una expansión y una
transformación realmente asombrosas. Las causas de esta expansión –mayor seguridad interna; estabilización de las instituciones económicas, sociales y políticas; comercio;
avances tecnológicos; cambios en el clima y en las técnicas agrícolas; aumento de la población– no son fundamentales para el estudio que ahora nos ocupa, ni han sido plenamente comprendidas por los historiadores. Pero las consecuencias del cambio están bien documentadas y revistieron una inmensa significación para los gays durante los siglos XI y XII. Entre esas consecuencias se destaca una rapidísima aceleración de la tasa de crecimiento urbano. De 1100 a 1250, muchas ciudades europeas vieron incrementada cinco o seis veces su población, y algunas llegaron a una tasa de crecimiento del 800 por ciento. Muchas aldeas se convirtieron en ciudades, y surgieron nuevas aldeas y ciudades donde jamás había habido asentamiento humano.
La influencia de los centros urbanos en Europa creció incluso más rápidamente de lo que su desarrollo físico habría permitido suponer. En muchas ciudades, el pujante comercio lanzó en los centros urbanos a grandes mercaderes y a comerciantes al menudeo, pero, además, muchos servicios sociales que hasta entonces se habían prestado de manera local o habían brillado por su ausencia, se concentraron en centros urbanos –tribunales de justicia, hospitales, sistemas de bienestar, mercados, universidades, etc.– y a menudo éstos llevaron a la órbita urbana al terrateniente campesino.
Aunque las ciudades habían estado siempre asociadas a la democracia y al autogobierno, en este período ganó abrumador predominio en la mente popular la ecuación que igualaba vida urbana y libertad personal. Muchas ciudades eran municipios y, aunque muy poco democráticos, brindaban oportunidades para el autogobierno, oportunidades completamente desconocidas en cualquier otro ámbito del mundo medieval. Incluso en las ciudades bajo control real o eclesiástico, el gobierno municipal incluyó a menudo clases sociales cuya participación en el poder no se admitía en ningún otro sitio, de modo que la clase baja y la clase media encontraron distintas maneras de hacer sentir sus aspiraciones en los medios urbanos. Para los campesinos de la mayor parte de Europa, ir en busca de la ciudad era ir en busca de la libertad, y en muchos casos la residencia de un año y un día en una ciudad daba derecho a la emancipación de toda obligación feudal. Un proverbio rezaba Die Stadtluft macht frei («El aire de la ciudad libera»), y los habitantes de los centros urbanos de los siglos XI y XII desarrollaron conscientemente una atmósfera de libertad y de tolerancia en que los derechos individuales y la libertad personal ocupaban un destacadísimo lugar. El resurgimiento de una neta subcultura gay en Europa meridional es casi simultánea a la resurrección de los centros urbanos más importantes, y la relación entre uno y otra fue evidente hasta para los contemporáneos. "



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