El gran gigante bonachón (fragmento)Roald Dahl

El gran gigante bonachón (fragmento)

"El inmenso desierto amarillento yacía pálido y lechoso a la luz de la luna, cuando el Gran Gigante Bonachón lo cruzó a galope tendido.
Sofía, que seguía vistiendo sólo su camisa de dormir, iba cómodamente reclinada en uno de los recovecos de la enorme oreja. Hallábase junto al borde exterior, allí donde se forma el pliegue, y esto constituía para ella una especie de tejadillo que la protegía del fuerte viento. Además, la piel sobre la que yacía era suave y calentita, casi aterciopelada. La niña se dijo que nadie había viajado nunca tan cómodamente.
Desde su altura contemplaba el triste paisaje, que parecía pasar como una flecha. Realmente avanzaban muy aprisa. El GGB daba unos saltos tan formidables como si tuviese cohetes en los dedos de los pies, y con cada paso se elevaba unos treinta metros en el aire. Sin embargo, el gigante aún no había alcanzado su máxima velocidad, que convertiría el suelo en algo totalmente borroso, mientras el viento aullaba de manera terrible, y se diría que sus pies no tocaban la tierra. Pero eso llegaría más tarde.
Sofía llevaba muchas horas sin dormir y estaba rendida. Y como se sentía caliente y a gusto, cerró los ojos y...
No supo cuánto rato había descansado, pero al despertar y mirar por encima de la oreja, comprobó que el paisaje era totalmente distinto. Atravesaban ahora un país muy verde, lleno de montañas y bosques. Aún era oscuro, pero la luna brillaba espléndida en el cielo. "



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