El libro de los Baltimore (fragmento)Joël Dicker

El libro de los Baltimore (fragmento)

"Encontré a Tío Saul y a Tía Anita donde los había dejado un año antes: cómodamente sentados en el porche, leyendo. Por la ventana abierta del salón se oía la misma música clásica. Era como si nunca nos hubiéramos separado y como si East Hampton fuera a durar siempre. Estoy viendo el reencuentro y cada vez que pienso en el momento en que les di un beso y un abrazo —que en el fondo era la única prueba tangible de que realmente habíamos estado separados—, me acuerdo de cuánto me gustaban sus abrazos. Si eran de mi tía, me hacían sentir un hombre, y los de mi tío, sentir orgullo. También me vuelven a la memoria todos esos olores que les eran propios: la piel, que les olía a jabón; la ropa, que olía al cuarto de la colada de Baltimore; el champú de Tía Anita y el perfume de Tío Saul. En todas y cada una de esas ocasiones, la vida me engañaba un poco más, haciéndome creer que el ciclo de nuestros reencuentros sería eterno.
Encima de la mesa al amparo del tejadillo, vi la consabida pila de suplementos literarios del New York Times que Tío Saul aún no había tenido tiempo de leer e iba ojeando siguiendo un orden cronológico discutible. También me fijé en los folletos de varias universidades. Y nuestra valiosísima libreta, en la que anotábamos los pronósticos para la temporada siguiente de todas las disciplinas: béisbol, fútbol, baloncesto y hockey. No nos conformábamos con hacer de oráculos domingueros sentenciando quién iba a ganar la Superbowl o quién se llevaría la copa Stanley. Íbamos mucho más allá: los vencedores de cada Conferencia[3], la puntuación final, los mejores jugadores, los mejores anotadores y traspasos. Anotábamos un nombre y, al lado, nuestras previsiones. Y al año siguiente, mirábamos el cuaderno para ver quién había tenido mejor olfato. Esa era una de las ocupaciones de mi tío: recabar y anotar durante la temporada los resultados deportivos para compararlos luego con nuestras profecías. Si uno de nosotros daba en el blanco o muy cerca, se quedaba estupefacto. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com