Diez años de destierro (fragmento)Germaine de Stael

Diez años de destierro (fragmento)

"A las dos de la tarde del día siguiente monté en un coche, diciendo que volvería a la hora de cenar. No llevaba conmigo ningún equipaje; tenía en la mano mi abanico, y mi hija el suyo. Mi hijo y un amigo llevaban en los bolsillos lo necesario para unos días de viaje. Al bajar por la avenida de Coppet, abandonando aquel castillo que había llegado a ser para mí como un antiguo y buen amigo, estuve a punto de desmayarme. Mi hijo mayor me tomó la mano y me dijo: «Madre mía, piensa que vas a Inglaterra». Estas palabras me reanimaron. Sin embargo, estábamos aproximadamente a dos mil leguas de una meta a la que hubiésemos llegado rápidamente por el camino natural; pero, al menos, cada paso me acercaba a ella. A pocas leguas de allí envié a un criado a mi casa para avisar de que no volvería hasta el día siguiente, y continué mi camino día y noche, hasta una granja más allá de Berna, donde había citado a un amigo que se prestaba a acompañarme. Allí sería también donde me separaría de mi hijo mayor, educado hasta los catorce años siguiendo el ejemplo de mi padre, a quien se parece bastante.
De nuevo me faltó el ánimo. Aquella Suiza, todavía tan en calma, y siempre bella, y aquellos habitantes, que saben ser libres por sus virtudes, aun a pesar de haber perdido la independencia política, detenían mis pasos. Todo en aquel país parecía decirme que no lo abandonara. Aún estaba a tiempo de volver; todavía no había hecho nada irreparable. Aunque el gobernador sólo me había prohibido viajar por Suiza, yo sabía que era por temor de que me fuese más lejos. Aún no había traspasado la barrera a partir de la cual ya no me sería posible regresar; este pensamiento me atormentaba. "



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