Carta breve para un largo adiós (fragmento)Peter Handke

Carta breve para un largo adiós (fragmento)

"Nos comimos los bocadillos, y luego fuimos hacia un grupo de árboles, porque al sol hacía demasiado calor. La niña se dejó llevar por mí, y corrí con ella entre los robles y los olmos, mientras Claire nos seguía despacio al principio y se quedaba luego muy atrás. Debía de haber una vía de ferrocarril en las proximidades, porque cuando la niña arrancó algunas hojas de los árboles se llenó las manos de hollín. Sin embargo, aquellas hojas acababan de brotar. Llegamos a un claro, donde un arroyo, casi invisible, corría bajo unas anchas plantas acuáticas. Con el rabillo del ojo vi un animal grande; me volví, pero era sólo una rata que se deslizó bajo las hojas. De momento se quedó inmóvil allí abajo, con la cola asomando entre las briznas de hierba. Me agaché con la niña para tirarle una piedra; no había ninguna cerca, y al ponerme otra vez de pie me di cuenta de que nos habíamos hundido un poco. Levanté un pie, porque el agua se había acumulado ya alrededor del zapato, y di un paso de costado; mi pierna se hundió súbitamente hasta la rodilla en un fango tibio, y sentí, sin oírlo, cómo se quebraban bajo el cieno algunas ramas podridas. Me quedé con las piernas abiertas, pero sin hundirme más; la cola de la rata almizclera había desaparecido al hundirme yo. Como de pronto había dejado de moverme, la niña se agarró a mí, respirando más aprisa. Llamé a Claire con la voz más indiferente posible. «¡No llames!», dijo la niña. Empecé a sacar la pierna, y antes de haberla liberado por completo salté hacia atrás, hacia los árboles, y el zapato se me quedó atascado en el barro. Creí que la niña gritaba de miedo, pero se estaba riendo de mis saltos. Claire estaba sentada en el suelo, apoyada en un árbol, y se había dormido. Me senté frente a ella; la niña encontró bajo las hojas del otoño pasado algunas bellotas viejas, con las que, en silencio, se puso a jugar junto a mí. Al cabo de un rato Claire abrió los ojos, como si acabara de dormirse, y vio en seguida que me faltaba un zapato y que tenía los pantalones llenos de costras de barro. Como si relatara un sueño, contó lo que me acababa de pasar, y yo se lo confirmé. "


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