De lágrimas y de santos (fragmento)Emil Cioran

De lágrimas y de santos (fragmento)

"Aquel que, habiendo gastado sus apetitos se acerca a una forma límite de desapego, no quiere ya perpetuarse; detesta sobrevivirse en otro, al cual por otra parte no tiene nada que transmitir; la especie le espanta; es un monstruo y los monstruos ya no engendran. El «amor» le cautiva aún: aberración entre sus pensamientos. Busca un pretexto para volver a la condición común; pero el hijo le parece inconcebible, como la familia, la herencia, las leyes de la naturaleza. Sin profesión ni progenie, cumple -última hipóstasis- su propio acabamiento. Pero por alejado que esté de la fecundidad, un monstruo diferentemente audaz le supera: el santo, ejemplar justamente fascinador y repelente, por relación al cual siempre se está a medio camino y en una posición falsa; la suya, por lo menos, es clara: ya no hay juego posible, no más diletantismo. Llegado a las cimas doradas de sus repugnancias, en las antípodas de la Creación, hace de su nada una aureola. La naturaleza nunca conoció tamaña calamidad: desde el punto de vista de la perpetuación, marca un fin absoluto, un desenlace radical. Entristecerse, como León Bloy, porque no somos santos es desear la desaparición de la humanidad... ¡en nombre de la fe! ¡Cuán positivo parece, por el contrario, el diablo, ya que constriñéndose a fijarnos en nuestras imperfecciones, trabaja -pese a él y traicionando su esencia- en conservarnos! Desarraigad los pecados: la vida se marchita bruscamente. Las locuras de la procreación desaparecerán un día, por cansancio más bien que por santidad. El hombre se agotará, menos por haber tendido a la perfección que por haberse dilapidado; parecerá entonces un santo vacío y estará tan lejos de la fecundidad de la naturaleza como lo está ese modelo de acabamiento y esterilidad. "


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