Don Juan: contado por él mismo (fragmento)Peter Handke

Don Juan: contado por él mismo (fragmento)

"En el umbral de la sala donde se estaba celebrando la boda Don Juan se limpió cuidadosamente los zapatos con una hoja del único árbol que había en el patio. Las manos se las frotó con un manojo de tomillo silvestre. Abrió y cerró varias veces los ojos, rápidamente, y además se golpeó de un modo rítmico las mejillas, como hacen los héroes en las viejas películas después de aplicarse el agua para afeitarse. Dentro, la música de baile, que había enmudecido desde hacía un rato, volvía a sonar y él, en vez de dar vueltas siguiéndola, se puso en pie sobre una pierna y, por encima del hombro, miró hacia atrás y hacia arriba, al cielo, al cual, mientras le venía a la mente su hijo muerto, de un modo tan doloroso como ninguna otra cosa, lo vio más abierto de como lo había visto nunca antes. Qué fértil, qué incomparablemente material y espacial podía aparecer para uno el cielo cuando, en el momento justo, levantaba la vista hacia él; todavía, ninguna cosa más espacial y ningún espacio más material. De un modo parecido a un zapatero que, desde la calle soleada, entra en su sombrío taller, y además para estar allí el día entero, y de un modo parecido a un minero que desaparece metiéndose en su mina, y además no sólo para un único turno, Don Juan dio el paso hacia atrás trasponiendo el umbral y entrando en la sala en la que se estaba celebrando la fiesta; por lo menos éstas fueron las imágenes que luego, al contarlo, se le escaparon. "


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