El libro de las cosas nunca vistas (fragmento)Michel Faber

El libro de las cosas nunca vistas (fragmento)

"Con eso, el discurso de la ceremonia de inauguración llegó más o menos a su fin. El resto de la visita era, o pretendía ser, un recorrido guiado por las instalaciones, para mostrar cómo los principios establecidos por el modelo a escala se llevaban a la práctica a tamaño real. Sin embargo, había tantos elementos y mecanismos importantes revestidos de hormigón o sumergidos en agua o accesibles sólo por vertiginosas escalerillas de acero que no había demasiado que ver.
Sólo cuando se alejaban en coche, de vuelta a la base de la USIC en su pequeño convoy, Peter sintió al fin la oleada de inspiración que no había logrado reunir durante el discurso de Hayes. Apretujado entre dos desconocidos en el asiento trasero de un vehículo cargado de vapor, tuvo la sensación de que el mundo se oscurecía un poco. Se inclinó hacia atrás y limpió la condensación de la luneta con la manga. La enorme central energética ya se desdibujaba a lo lejos, titilando levemente en la bruma de combustible gastado que despedía el tubo de escape del todoterreno. Pero lo que se veía con más claridad ahora era la multitud de paneles solares –heliostatos– dispuestos formando un amplio semicírculo en el paisaje que rodeaba la Madre. Cada uno de ellos debía capturar la luz del sol y redirigirla a la planta generadora. Pero casualmente algunas nubes de paso tapaban un poco el sol. Los heliostatos rotaban sobre sus soportes, ajustando el ángulo de las superficies reflectantes, ajustando, ajustando, ajustando de nuevo. No eran más que placas rectangulares de vidrio y acero, no tenían la más mínima apariencia humana, pero aun así a Peter le conmovió su insensata confusión. Como todas las criaturas del universo, no hacían otra cosa que esperar la luz esquiva que las dotara de propósito.
De nuevo en su cuarto, Peter comprobó los mensajes en el Shoot. Se sintió culpable por entrar en busca de mensajes nuevos de Bea cuando él había dejado pasar tanto tiempo sin escribirle uno. En su última carta le había asegurado que estaba contentísimo de saber que estaba embarazada, y que no, por supuesto que no estaba enfadado con ella. El resto de la carta era información de relleno sobre la misión que ya no recordaba. En total, puede que tuviese quince líneas, veinte como máximo, y le había llevado varias horas de sudores escribirla.
Era cierto que no sentía ningún enfado, pero tampoco, y eso era preocupante, sentía mucho más, aparte de estrés por su incapacidad para responder. En sus circunstancias actuales, era difícil apresar los sentimientos y ponerles un nombre. Si se esforzaba al máximo, podía más o menos entender qué estaba pasando en Oasis, pero eso era porque él y los hechos con los que tenía que lidiar estaban en el mismo espacio. Su mente y su corazón estaban atrapados en su cuerpo, y su cuerpo estaba aquí. "



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