Atlas de la España imaginaria (fragmento)Julio Llamazares

Atlas de la España imaginaria (fragmento)

"El mito del paraíso, como el del infierno antes, se ha esfumado con el paso de los siglos (salvo para los monjes que lo disfrutan quizá), pero pervive en la frase hecha (estar en Las Batuecas significa estar en él de alguna forma) y, sobre todo, en la bondad de su clima y en la vegetación que lo cubre por completo. Un clima que dulcifica la profundidad en la que se halla, comparada con las montañas de alrededor, y una vegetación tan variada que hace casi un jardín botánico de él. La sola enumeración de las especies que crecen en Las Batuecas produce una melodía que transporta al paraíso terrenal: cipreses, tejos, higueras, cerezos, mirtos, encinas, eucaliptos, acebos, alcornoques, madroños, robles, nogales… Ciertamente, Las Batuecas está más cerca del paraíso que de la boca del infierno que imaginaran los antepasados de los vecinos de hoy, los habitantes de esas aldeas serranas de Salamanca que se reparten el piedemonte de esa atalaya de vértigo que constituye el punto más alto de la provincia: la famosísima Peña de Francia. Una atalaya que constituye el extremo antagónico a Las Batuecas (un kilómetro de altura los separa), pese a albergar otro monasterio, este de frailes dominicos, y desde el que se dominan todos los pueblos de alrededor: La Alberca, Herguijuela, Madroñal, Sotoserrano, Monforte, Mogarraz, Casas del Conde, Miranda del Castañar… Pueblos viejos, de judíos, con una hermosísima arquitectura que tiene en el granito y la madera sus dos bases principales y con un amor a sus tradiciones difícil de encontrar en otros sitios. Tradiciones religiosas como las de santificar los dinteles de las casas con una cruz o un Ave María o como esa moza de ánimas (hoy ya, una mujer mayor) que recorre cada día las empedradas calles de La Alberca tocando una campanita y pidiendo una oración por las pobres almas del purgatorio, o tradiciones artesanales como las de la guarnicionería o la joyería, ambas de clara influencia hebrea. De ahí quizá la gran presencia de la religión y cuyo origen está en la necesidad que en tiempos tuvo la gente de probar su conversión a la fe católica. "


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