El año del verano que nunca llegó (fragmento)William Ospina

El año del verano que nunca llegó (fragmento)

"El mundo empezaba a interrogar la historia. Ahora muchos no se conformaban con vagos relatos sino que querían una memoria minuciosa de lo ocurrido. Empezaba a saberse que en aquella historia había muchos enigmas por descifrar. Clara supo como nadie que la posteridad intentaría entrar con sus linternas en las oscuras habitaciones, a explorar la tiniebla ginebrina del año del verano que nunca llegó.
Byron era ya una leyenda; Shelley, Mary, Polidori y Monk Lewis lo eran también. Y no era el paso de las décadas lo que los había exaltado a esa condición: casi desde el comienzo todos se habían vuelto leyenda. Byron era un escándalo desde los veinte años, y ya era el hombre más visible de Inglaterra cuando ella consiguió seducirlo, pero después bastó que la fiebre y los médicos lo consumieran en Missolonghi, frustrando el deber de los fusiles, para que el hombre abominable, sacrificado por la causa de la libertad, se convirtiera en el héroe mayor de una edad del mundo, en el arquetipo del poeta romántico.
Y dos años antes de eso, ¿no bastó que su amigo Shelley muriera ahogado en una tormenta en la bahía de La Spezia, y que Trelawny y Byron quemaran su cadáver en una pira en la playa mientras leían poemas griegos y derramaban vino en la hoguera, para que el bello Ariel se convirtiera en el símbolo mismo de la poesía inglesa? ¿No bastó que Matthew Lewis muriera en altamar, de regreso de sus ingenios de azúcar, para que El monje se convirtiera en el símbolo de la novela gótica? Y si bien el pobre Polidori, apurada su ración de ácido prúsico, había permanecido por un tiempo oculto a los ojos del mundo, sus embrujados sobrinos hicieron irrupción finalmente en la escena literaria, y llenaron la época, y El vampiro se exaltó en una de las sombras de aquella edad del mundo, inspirando a dramaturgos y pintores y novelistas.
Clara sabía que ahora Bram Stoker, apoderándose del personaje de Polidori y mezclándolo con la leyenda negra de Vlad el Empalador, príncipe sanguinario de Transilvania, había creado a Drácula, un monstruo tan temible y fascinante como el que soñó su hermana Mary. Y sabía que a Mary le bastó su novela Frankenstein para pasar a la historia como la creadora no sólo de un personaje memorable sino de un nuevo género literario.
Todos tenían ya su altar en la catedral romántica, y casi se iban convirtiendo en criaturas de ficción. Así que muchos se habrían asombrado de saber que esa dama envejecida que caminaba por el Ponte Vecchio, o que pasaba al atardecer en una góndola bajo el puente del Rialto, había sido la madre de la más triste de las hijas de Byron, de la pequeña Allegra, el único ser humano que se gestó al mismo tiempo que los monstruos en los salones fantasmagóricos de Villa Diodati, y que murió a los once años, dejando a sus padres llenos de remordimientos. "



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