Arlequín, mancebo de botica (fragmento)Pío Baroja

Arlequín, mancebo de botica (fragmento)

"EL SARGENTO (EL SARGENTO tuerto de la gendarmería, que habla en andaluz.). — ¡Hola, buenos diaz! Oiga uzté, poyo.
ARLEQUÍN. —Hable usted alto, porque estoy un poco sordo.
EL SARGENTO. — ¿Qué le pediré yo a este imbésil? ¿Aquí ze vende agua de vegeto para limpiá laz hebiya?
ARLEQUÍN (Haciéndose el tonto.). — ¿Hebillas para limpiar el agua de vegeto? No, no se venden.
EL SARGENTO. —No, no digo ezo. ¡Qué imbésil! Digo zi vende arguna agua aquí pa limpiá el correaje.
ARLEQUÍN. — ¿Agua…? Ninguna… Aquí, el agua no se vende. Sirve para lavarse, y hasta para beber, según dicen.
EL SARGENTO. —Yo quiero un agua pa limpiá la correa.
ARLEQUÍN. —Aquí no se limpia ninguna correa. El coche correo sí lo limpian en esa esquina.
EL SARGENTO. — ¡Qué idiota! ¿Qué hasen con los tontos en ezte pueblo, poyo?
ARLEQUÍN. —Aquí, a algunos los hacen frailes…, y a los otros los meten en la gendarmería.
EL SARGENTO. —Conque en la gendarmería, ¿eh? A ver zi va a pazar aquí argo muy grave. Pero no hay que hasé caso. Este mastuerzo no sabe lo que se dise. ¿Y Colombina? ¿Dónde está?
ARLEQUÍN. —No sé; creo que está en la cueva… matando ratas. El señor Pantalón la ha puesto ahí a cazar ratones.
EL SARGENTO. — ¡Que bruto! No estará el chucho, ¿eh?
ARLEQUÍN. — ¿El chucho? No sé qué es eso. Quizá sea esta lavativa.
EL SARGENTO. —No necesito eze artefacto. Digo si eztá el perro.
ARLEQUÍN. — ¿El párroco? No, no está. Al menos, matando ratones no está.
EL SARGENTO. — ¡Qué ocazión! Bueno; voy a ver si eztá la niña. Ez por aquí la cueva, ¿no?
ARLEQUÍN. —Sí. (EL SARGENTO entra. ARLEQUÍN echa el cerrojo.) ¡La que se va a armar!
EL PERRO. — ¡Au, au, au!
EL SARGENTO. — ¡Zocorro, zocorro!
EL PERRO. — ¡Au, au, au!
EL SARGENTO. — ¡Zocorro, zocorro! ¡A mí la gendarmería!
ARLEQUÍN. —Ya voy, hombre, ya voy; no tenga usted prisa. (ARLEQUÍN abre la puerta de la cueva y sale EL SARGENTO.)
PANTALÓN (Desde la puerta.). —Pero ¿qué pasa?
EL SARGENTO. —Na, na; ese imbésil de mansebo de botica, que es un borrico.
PANTALÓN. —Y usted, ¿para qué ha entrado en la cueva?
EL SARGENTO. —Pue he entrado porque…, ya se lo explicaré otro día. El cazo ez que el perro de uzted me ha dado un bocado y me ha quitado un peaso del pantalón, y grasias que no me ha arrancado un peaso de carne. "



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