Areopagítica (fragmento)John Milton

Areopagítica (fragmento)

"Sabemos que en el campo de este mundo crecen el bien y el mal en compañía de difícil despegue; y el conocimiento del bien tan involucrado se halla entretejido con el conocimiento del mal, y es, en tantas semejanzas astutas, de difícil discernir, que las revueltas semillas impuestas a Psiquis para que cuidara de entresacarlas, con acervillo particular de cada especie, no tan enmarañadas anduvieron. De dentro la piel de una gustada manzana, brincó al mundo el conocimiento del bien y el mal, como mellizos al mismo tiempo hendidos. Y tal vez ésta fuera la condena del conocimiento del bien y el mal en que Adán incurriera: esto es, el conocimiento del bien por el mal. Y supuesto que éste fuere el estado del hombre, ¿qué prudencia se podrá conseguir, qué continencia anudar sin el conocimiento del mal? Quien pudiere percibir y considerar el vicio con todas sus añagazas y hueros deleites, y con todo ello abstenerse, y con todo ello demarcar, y preferir lo verdaderamente mejor, será genuino viandante cristiano.
No sabría yo alabar esa virtud fugitiva y segregada, sin aliento y ejercicio, que nunca sale al raso ni divisa al adversario, antes se esquiva de aquel coso que nos promete la guirnalda inmarcesible, no sin encendimiento y polvareda. Sin duda no aportamos inocencia al mundo; lo que nos purifica es la prueba, y ésta se alcanza por acción de contrario. La virtud, pues, aniñada en lo que concierne al conocimiento del mal, ignara de lo sumo que el vicio promete a sus secuaces, y atenta a rechazarlo, no es pura, sino vacante virtud; su blancura no pasa de excretada. Y por esta razón nuestro sesudo, grave poeta Spenser, a quien me arriesgo a proclamar mejor maestro que Escoto o Aquino, al describir la auténtica templanza en la persona de Guión, le hace atravesar con su romero la cueva que Mammón habita y la glorieta de la felicidad terrena, para que acierte a ver y saber, mas para abstenerse. Ya, pues, que el conocimiento e inspección del vicio es en este mundo tan necesario para el establecimiento de la virtud humana, y el examen del error para la confirmación de la verdad, ¿podremos explorar las comarcas del pecado y la falsía más sobre seguro y con menos peligro que leyendo toda suerte de tratados y oyendo todo linaje de razones? Y este es el beneficio cobradero de la entremezclada lectura de los libros. "



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