El planeta errante (fragmento)Fritz Leiber

El planeta errante (fragmento)

"Los dos platillos volantes y amarillos de centro abultado todavía estaban suspendidos enigmáticamente a unos cuatro metros del pavimento, como en el momento en que les había dado la espalda, y en el medio, inmóvil, la Baba Yaga permanecía exactamente como la había dejado. Esto es lo que había ocurrido hasta ese momento: cuando la voz le había hablado en ese inglés ligeramente incorrecto y extrañamente estremecedor, él se había quitado de prisa el traje espacial, casi con ansiedad, y había descendido sin demora de la Baba Yaga, pero no había habido nadie allí fuera. Después de esperar unos minutos al pie de la escalera se había dirigido al pozo junto al cual quedó subyugado.
Ahora empezaba a preguntarse si la voz no habría sido una mera ilusión auditiva. Era irrazonable pensar que un alienígena pudiera hablar inglés sin ninguna conversación previa. ¿O es que podía...? Pensó qué podía resultar imposible para seres de esa capacidad.
Inspiró hondamente. Al menos el aire resultaba bastante real.
El silencio era profundo, pero cuando se mantuvo inmóvil, se distendió, cerró los ojos y dejó escapar el aliento suavemente, le pareció oír un remoto, apagado y débil rumor. ¿Era la circulación de la sangre del planeta extraño? ¿O la de su propia sangre? O quizás el rumor proviniera del pilar de rocas lunares que descendían al otro pozo, no mucho más allá de la Baba Yaga y los platillos invisiblemente suspendidos de lo que él estaba frente a ellos.
El pilar gris, que ocupaba íntegramente la tercera parte de su horizonte, pero que se ahusaba rápidamente hasta reducirse casi a un punto a la altura del cielo, parecía a primera vista una montaña sólida, salvo que él sabía que se precipitaba ininterrumpidamente en el pozo a una velocidad lo bastante grande como para hacer que las partículas y los fragmentos que lo componían resultaran imperceptibles individualmente: presumiblemente a esos quince kilómetros por segundo que había calculado encima de la película, sobre el cielo que techaba la atmósfera. "



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