Aleksander Wat: vida y arte de un iconoclasta (fragmento)Tomas Venclova

Aleksander Wat: vida y arte de un iconoclasta (fragmento)

"La familia Wat empleó parte de su tiempo estival en Jastarnia, un spa polaco en el mar Báltico, no lejos de Gdansk, luego estuvieron un tiempo en la ciudad de Danzig, en la que no se hablaba alemán, y que para Hitler fue toda una excusa para dar comienzo a la II Guerra Mundial. Decidieron regresar a Varsovia a fines de julio. Reinaba en la capital un humor tenso, aunque la mayoría de sus habitantes no había previsto el alcance de los acontecimientos futuros. El pacto Molotov-Ribbentrop del 23 de agosto había convertido aparentemente a la URSS en aliada de los nazis, pero nadie entre los conocidos de los Wat, algunos de ellos políticos polacos, estaba enterado de sus secretos protocolos que establecían una línea divisoria del Este de Europa entre las influencias de las esferas alemana y soviética y una nueva partición de Polonia.
Cuando cayeron las primeras bombas de la II Guerra Mundial, el día 1 de septiembre, resultaron paradójicamente un alivio: la larga espera había finalizado. Pero el pánico se propagó rápidamente. El 6 de septiembre el cuñado de Wat, Jerzy Gilewicz, le contó que estaba huyendo de la ciudad y que disponía de dos asientos extra en su coche. Aleksander destruyó parte de su biblioteca. Y Ola despedazó una de sus cartas por miedo a que pudiera caer en manos equivocadas. Cuando ellos se encaminaron a la casa de Gilewicz, las bombas de los nazis caían una y otra vez y la familia se vio obligada a tratar de hallar refugio en una iglesia. Dejaron Varsovia sin llevar consigo ninguna pertenencia, excepto algún abrigo de piel que más tarde intercambiaron por una módica cantidad de comida.
La jornada fue una pesadilla. El coche se dirigió hacia el sureste, a través de la carretera general hacia Lwow, considerado por aquel entonces un lugar seguro; pero los caminos eran horribles, el calor exhausto y el combustible escaso. Únicamente podían viajar por la noche, dado que por el día las bombas germanas se precipitaban continuamente desde el cielo. Miles de refugiados huían en la misma dirección, entre ellos Witkacy, que terminaría por suicidarse en un pueblo bielorruso el 18 de septiembre, tras recibir la infausta noticia de la llegada de los soviéticos desde el este, de modo que no había lugar adonde dirigirse.
La víspera de la invasión soviética, Wat fue accidentalmente separado de su familia. Los caóticos días que siguieron a la ocupación soviética los empleó en la ciudad ucraniana de Luck, distribuyendo cientos de tarjetas con su dirección en un desesperado intento de recabar información sobre su esposa e hijo. De esta forma, las nuevas autoridades tuvieron conocimiento de su identidad. Era persona non grata para los poderes fácticos que lo rodeaban: el propio gobierno polaco (víctima del desorden y exiliado en Rumanía) le consideraba subversivo; los nazis habrían acabado con él y su familia sin apenas bullicio alguno, si no por el hecho de ser comunistas, sí por ser judíos. Y el fatídico destino de sus amigos que habían emigrado a la Unión Soviética antes de la guerra constituía un aviso acerca de sus nulas oportunidades en el imperio de Stalin. "



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