Diario de un viejo loco (fragmento)Junichiro Tanizaki

Diario de un viejo loco (fragmento)

"Esta mañana, cuando faltaba poco para el amanecer —sería alrededor de las cinco—, he oído a un grillo que cantaba no sé dónde. Era solo un chirrido débil y yo estaba medio dormido, pero le he oído seguir y seguir. Estamos ya en la estación de los grillos; aun así, se hacía raro oírlo desde mi habitación. Aunque de vez en cuando los tenemos en el jardín, sería difícil que yo pudiera oírlos desde la cama. He pensado si no se me habría metido en el dormitorio.
Me ha recordado la infancia. Vivíamos en Honjo, yo tenía cinco o seis años, y cuando estaba acostado, en brazos de la niñera, sonaba un grillo justo en el exterior. Podía ser que estuviera escondido detrás de una losa del jardín, o bajo la baranda, y desde allí chirriaba su nota aguda y clara. Nunca había más de uno, nunca eran las multitudes que se reúnen cuando hay grillos campana o grillos de pinar. Pero aquel único insecto tenía un sonido verdaderamente agudo y penetrante. Mi niñera, en cuanto lo oía, decía: «¡Escucha, Tokusuke! Ya ha llegado el otoño. ¡Canta un grillo!». E imitaba su canto con algunas sílabas sin sentido. «¿No es así como hace? ¡Cuando oyes eso, ya es otoño!».
Tal vez fuera solo mi imaginación, pero al oírla yo sentía que por las mangas de algodón blanco de mi kimono de dormir se colaba un escalofrío. No me gustaban los kimonos tiesos, pero el que vestía por las noches tenía siempre el característico olor agridulce del almidón. Ese olor, y el chirrido del grillo y el escalofrío de una mañana de otoño, han quedado unidos en mi mente como un recuerdo distante y borroso. Todavía ahora, cuando tengo setenta y siete años, unos pocos chirridos al amanecer hacen revivir aquel viejo recuerdo del olor a almidón, la manera de hablar de mi niñera, el tacto en la piel de un kimono de noche almidonado. A medias soñando, siento como si estuviera todavía en nuestra casa de Honjo, todavía acostado en brazos de mi niñera.
Pero esta mañana, según se me ha ido despejando la cabeza, me he dado cuenta de que lo estaba oyendo dentro de este cuarto que me es tan conocido, donde mi cama tiene al lado la de la enfermera Sasaki. De todos modos resultaba extraño. No iba a haber un grillo en mi habitación, ni era probable que me llegara el sonido de uno del exterior, con todas las puertas y ventanas cerradas. Sin embargo, chirriaba, de eso no había duda. Agucé el oído todo lo que pude. ¡Ah, era eso! Traté de escuchar mejor. Claro que sí, era eso lo que oía.
Estaba oyendo el sonido de mi propia respiración. Esta mañana el aire estaba seco, mi vieja garganta se había resecado y tenía la impresión de estar quedándome frío; el resultado era que cada vez que aspiraba o espiraba emitía un chirrido. No estaba claro si me salía de la garganta o de la parte de atrás de la nariz, pero aparentemente se producía al pasar mi respiración por determinado punto de esa zona. Sonaba como si viniera de fuera de mi cuerpo; no podía creer que yo mismo fuera el origen de aquella nota diminuta de grillo. Pero si aspiraba y espiraba deliberadamente, era inequívoco. Fascinado, empecé a hacerlo una y otra vez. Cuando respiraba más fuerte, el sonido subía de volumen, como si tocara un silbato. "



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