El don apacible (fragmento)Mikhail Sholokhov

El don apacible (fragmento)

"Las gotas caían del tejado con un tintineo cristalino, y la misma voz lenta, escurridiza como el cieno, prosiguió:
—Hoy he querido comprar un arado a Prokofievich; le he ofrecido doce rublos, pero él se ha mantenido firme. ¡No es de los que se dejan sorprender! De la parte del Don provino un rumor regular y sordo: el gorgoteo, el crepitamiento, el chapotear de los témpanos en el agua. Como si una mujer gigante, alta como un álamo, pasara cerca del pueblo sacudiendo su enorme faldamenta. A medianoche, cuando la oscuridad se cuajaba como un hielo negro, Mitka llegó en un caballo sin silla hasta el cercado de la iglesia. Echó pie a tierra, abandonó las riendas sobre la crin, dio una palmada al piafante bruto y penetró en el patio, ajustándose el ceñidor. En el atrio se quitó el gorro, abatió su cabeza de cabellos cortados en redondo y, repeliendo a las mujeres, se abrió paso hasta el altar. El rebaño negro de los cosacos se apretaba a la izquierda: a la derecha ofrecía la mezcolanza multicolor del tocado de las mujeres. Mitka advirtió entre la muchedumbre, en primera fila, a su padre, y se fue hacia él. Cogiendo por el codo a Miron Grigorievich, que alzaba el brazo para persignarse, le susurró en la oreja tupida de pelos:
—Padre, sal un momento... Mitka atravesó nuevamente la espesa cortina de olores diversos que le irritaban las narices, produciéndole náuseas: hediondez de cera quemada, emanaciones fétidas de cuerpos femeninos en transpiración, hálito sepulcral de vestidos sacados de los cofres con motivo de la fiesta, olor del cuero mojado de los calzados, exhalaciones de los estómagos vacíos de los fieles. Al llegar al atrio, Mitka apretó contra su pecho la espalda de su padre y dijo: —Natacha se está muriendo. "



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