Alsino (fragmento)Pedro Prado

Alsino (fragmento)

"Como la primavera recién comienza, no hay aún para Alsino frutos maduros. La vida le es difícil y hostil, pues sospecha el miedo que por todas partes infunde. En un comienzo llevado por la necesidad, luego, cada vez más tranquilo con la costumbre, y siempre al amparo del silencio en que duermen los ranchos, una noche aquí, otra lejos, visita los gallineros y soberados llevándose consigo huevos, quesillos y lo que pueda servirle de alimento en esa su vida cada vez más frugal.
Es posible que nadie hubiese reparado en tan insignificantes robos, pero son muchos los que se aprovechan del pánico y quieren beneficiarse. Sin embargo, él resulta, siempre, el único sospechoso.
Esa noche volaba buscando alguna casa solitaria. A pesar de la oscuridad, sus ojos experimentados descubrieron en el repliegue de los montes una aislada por leguas de las más vecinas, y escondida entre grandes árboles. Bajó, llevado por su seguro instinto, entre los naranjos de un huerto, y no lejos de un corredor donde, sobre escaleras y barriles abandonados, dormían unas gallinas.
En cuatro pies, y todo lo encogido que le era posible andar, se acercaba, cuando un perro oculto en un rincón oscuro, sin titubear, se lanzó resuelto a atacarlo, levantando en el silencio de la noche gran desconcierto con sus ásperos y furiosos ladridos. Uno de los guardianes, que en ese mismo instante, contra uno de los pilares en sombra, desalojaba la cerveza bebida, vio a pesar de su naciente borrachera que, seguido del perro, alguien huía hacia el interior del huerto.
Aligerado de su peso y valiente por el alcohol, se lanzó tras el posible ladrón.
Alsino, corriendo desesperado por entre los árboles que le impedían volar, por segundos enlazado en los altos yerbajos y sus recias marañas, tropezando en los troncos con sus alas, que el viento de la velocidad de la carrera entreabría, recibió, de pronto, de algo firme e invisible, tan recio golpe en el pecho, que cayó bruscamente de espaldas. Había chocado contra un alambre bajo tendido entre los árboles, donde, olvidadas, pendían algunas piezas de ropa puestas a secar.
El perro, envalentonado, de un salto cayó sobre Alsino alcanzando a darle en un brazo dos o tres feroces mordiscos, antes de que el guardián, que gritaba llamando a sus compañeros, llegase hasta él.
Con la algarabía y el estruendo de los disparos de carabina de los otros policiales, al acudir en auxilio, los pajarillos dejaban los árboles y huían en la oscuridad estrellándose contra las altas ramas hasta caer despavoridos en la maleza.
Aprovechando el encontrarlo tumbado y medio inconsciente, todos le dieron a Alsino despiadados puñetazos y puntapiés, mirando por mantener ese casi aturdimiento, propicio a la seguridad y a la obediencia. "



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