El guitarrista (fragmento)Luis Landero

El guitarrista (fragmento)

"Me acosté y me puse a pensar en las imágenes y sensaciones de ese día.
Quería penetrar en ellas, buscarles un sentido, arrancarles sus más secretos significados para tratar de comprender cómo era el mundo que iba a ser mi mundo, y lo que sería en él mi porvenir de guitarrista. Pero estaba aún un poco borracho, la cabeza me daba vueltas y todo lo llenaba un ritmo coral —de guitarras, palmas, jaleos, cante y zapateado—, tal como lo había oído en la academia de baile, pero ya convertido en pesadilla: un—dos—tres, cuatro—cinco—seis, siete—ocho, nueve-diez, un—dos, y otra vez a empezar.
Cuando me desperté aún era de noche, y de la euforia ya sólo quedaba una vaga esperanza. ¿Dónde estaba la fe que me tenía a mí mismo? Encendí el mechero para ver el reloj. Habían pasado dos horas desde que me dormí.
Me dolía la cabeza y tenía una sequedad de arena en la garganta. Me levanté para ir al baño y, al abrir la puerta, me detuve indeciso. Allí seguía la línea de luz en el cuarto del huésped. ¿Qué haría aquel hombre a aquella hora con la luz encendida?
¿Le habría sorprendido el sueño sin darle tiempo de apagarla? Me acerqué descalzo y de puntillas y escuché tras la puerta: un leve roce, el crujido de la silla, el golpe de un objeto en la mesa me advirtieron que estaba despierto y concentrado en alguna tarea.
Cuando volví a la cama, la vaga esperanza era ya sólo incertidumbre.
Intenté otra vez rescatar y ordenar las imágenes dispersas de ese día, pero tenía mucho sueño y sólo conseguí recordar con precisión a la bailarina joven que había visto en la sala de estar de la academia. Sólo que ahora, sin dejar de ser ella, era Adriana al mismo tiempo. La vi enmarcada en mi pensamiento, y estaba guapísima, y ya al borde del sueño me llené de nostalgia por su belleza inalcanzable. "



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