Diccionario crítico burlesco (fragmento)Bartolomé José Gallardo

Diccionario crítico burlesco (fragmento)

"La Biblia es un libro muy santo y muy bueno; pero no es una enciclopedia ó repertorio universal de ciencias, artes y oficios, donde haya de acudir el gañan para saber de arache y cavache, el minero para buscar la veta, y el médico para encontrar el remedio de nuestros males.
Tractent fabrilia fabri, se dice muchos siglos ha. Si se hace lo contrario y se trastruecan los oficios, veremos un general trastorno en la república civil y literaria: el físico querrá sujetar la transustanciación á las leyes químicas; y el teólogo interpretar la naturaleza como la Escritura, buscándola el sentido místico, acomodaticio, anagógico, tropológico, etc. Este continuo quid pro quo que hacen algunos fieles, exaltados de un celo mas fervoroso que discreto, ha dado motivo á procedimientos en que se han desairado las autoridades de primera jerarquía en la iglesia de Jesucristo. Y pues hablamos de la tierra, voy á referir un caso á propósito de geología, que si no viene bien á logia, vendrá á lo geo.
Corría por el signo piscis el año de 1616, cuando la Congregación de cardenales inquisidores, con noticia de que un cierto Copérnico prusiano, un español llamado Zúñiga, y un tal Galileo, de feliz memoria, se habían empeñado en parar el sol, y hacer andar la tierra: hubo acaloradas sesiones sobre este punto delicado en que la potestad temporal cruza líneas con la espiritual. El resultado fue fulminar un terrible anatema contra semejante doctrina de terremoto, «como contraria á la fe, y absurda en filosofía;» fallando Ss. Ems. que la tierra se estuviese quieta, y no hiciese caso de gente revoltosa y levantisca.
Yo no sé si se dio traslado á la tierra, ni si ella se dio por notificada. Lo que dice la Historia, es que el año de 33 se volvió á empeñar Galileo en que el sol se había de estar quedo, y la tierra había de andar; y el Santo-Tribunal se empeñó en que él no había de andar suelto. Le encerraron, y le arguyeron un día en la prisión el cardenal Belarmino, para desaferrarla de su tema: «¿Podéis dudar, querido Galileo (le decía), del movimiento del sol, cuando la Sagrada-Escritura dice terminantemente que Josué le dijo al sol: Sol, no te muevas; y el sol se paró en mitad de su carrera? --Pues ved ahí, Em. Sr. (contestó con prontitud el preso), ved ahí porque digo yo que el sol está parado; porque Josué le paró. -A esto no tuvo á bien responder S. Em.
Galileo persistió negativo y preso hasta que aburrido de cárcel, y movido de las instancias de sus amigos, se presentó á abjurar de su doctrina. Este paso se le resistió de tal manera, que en el acto mismo de la abjuración se le escapó del alma aquel dicho tan celebrado de los filósofos (e pur si move), que farfulló entre dientes al hacer la señal de la cruz.
De allí á algunos años la corte romana tuvo por conveniente alzar á la tierra el entredicho, permitiéndola andar ó pararse á su voluntad, con tal que no negase la asistencia á sus inquilinos.
No digo más, y dejo al discreto lector que allá á sus solas.... soliloquie. "



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