Crónica del Perú (fragmento)Pedro Cieza de León

Crónica del Perú (fragmento)

"En estas otras partes también se han hallado grandes tesoros en sepulturas, y se hallarán cada día. Y no ha muchos años que Juan de la Torre capitán que fue de Gonzalo Pizarro en el valle de Ica, que es en estos valles de los llanos, halló una de estas sepulturas, que afirman valió lo que dentro de ella sacó más de cincuenta mil pesos. De manera que en mandar hacer las sepulturas magníficas y altas y adornarlas con sus losas y bóvedas y meter con el difunto todo su haber y mujeres, y servicio, y mucha cantidad de comida, y no pocos cántaros de chicha o vino de los que ellos usan, y sus armas y ornamentos, da a entender que ellos tenían conocimiento de la inmortalidad del ánima, y que en el hombre había más que cuerpo mortal. Y engañados por el demonio cumplían su mandamiento, porque él les hacía entender (según ellos dicen) que después de muertos habían de resucitar en otra parte que les tenía aparejada, adonde habían de comer y beber a su voluntad, como lo hacían antes que muriesen. Y para que creyesen que sería lo que él les decía cierto y no falso y engañoso, a tiempos, y cuando la voluntad de Dios era servida de darle poder, y permitirlo, tomaba la figura de alguno de los principales que ya era muerto, y mostrándose con su propia figura y talle tal cual estuvo en el mundo, con apariencia del servicio y ornamento, hacía entenderles que estaba en otro reino alegre y apacible de la manera que allí lo veían. Por los cuales dichos y ilusiones del demonio ciegos estos indios, teniendo por ciertas aquellas falsas apariencias, tienen más cuidado de aderezar sus sepulcros o sepulturas, que ninguna otra cosa. Y muerto el señor le echan su tesoro y mujeres vivas, y muchachos, y otras personas con quien él tuvo siendo vivo mucha amistad. Y así por lo que tengo dicho era opinión general en todos estos indios yungas, y aun en los serranos de este reino del Perú que las ánimas de los difuntos no morían, sino que para siempre vivían y se juntaban allá en el otro mundo unos con otros, adonde como arriba dije creían que se holgaban, y comían y bebían, que es su principal gloria. Y teniendo esto por cierto enterraban con los difuntos las más queridas mujeres de ellos, y los servidores y criados más privados, y finalmente todas sus cosas preciadas, y armas, y plumajes, y otros ornamentos de sus personas. Y muchos de sus familiares por no caber en su sepultura hacían hoyos en las heredades y campos del señor ya muerto, o en las partes donde él solía más holgarse y festejarse, y allí se metían, creyendo que su ánima pasaría por aquellos lugares y los llevaría en su compañía para su servicio. Y aun algunas mujeres por le echar más carga, y que tuviese en más el servicio, pareciéndoles que las sepulturas aún no estaban hechas, se colgaban de sus mismos cabellos, y así se mataban. "


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