Batú (fragmento)Vasili Yan

Batú (fragmento)

"Los caballos se asustaron. Algunos volvieron grupas, otros derribaron a sus jinetes, se encabritaron y cayeron. Los demás seguían corriendo, recibiendo golpes de hachas y partesanas desde todos lados.
Los rusos atacaban con furia a los jinetes, partiéndoles las pellizas y los yelmos de hierro. Las espadas curvas de los tártaros silbaban al cortar el aire. Empleaban arcos grandes, disparaban flechas largas con puntas de acero templado. Los guerreros se caían, volvían a levantarse para seguir luchando y avanzaban colina abajo, haciendo retroceder la caballería de los mongoles.
Los guerreros de Riazán se imponían. El ataque de los mongoles no arrolló las filas rusas. Los combatientes apretaban los dientes, gemían y luchaban desesperadamente, abriendo un terrible camino entre los jinetes mongoles que daban rápidas vueltas.
Resonaron los golpes en los escudos de cobre. Se oyeron las voces broncas de los jefes de las centurias mongolas. La caballería tártara volvió grupas bruscamente y retrocedió a todo correr como olas negras de las colinas nevadas cubiertas de cadáveres. Tratando de levantarse, los ensangrentados caballos agonizaban en el suelo. Otros, dando traspiés, intentaban galopar a un lado, arrastrando al jinete, un pie del cual estaba enredado en el estribo.
El ejército ruso se retiraba despacio. Había sufrido grandes bajas. Numerosos cadáveres yacían en la suave pendiente de la colina, clavados los ojos abiertos en las bajas nubes plomizas.
Batú-Kan lanzó el ejército hacia el Norte. Para mantener comunicación continua con los destacamentos, les enviaba mensajeros especiales. Cada dos días, diligentes nukeres venían desde distintos lugares a verlo. Traían las noticias y recibían las órdenes del djihanguir.
La fuerte ventisca dispersó a los mensajeros. Los destacamentos se desviaron de las rutas marcadas. Al cabo de un tiempo Batú-Kan solo sabía dónde se encontraba su tumen de los Invencibles y el tumen de los Frenéticos de Subudai-Bagatur, situado al lado suyo.
Parecía que era imposible seguir avanzando. El ejército se detuvo. Surgieron dificultades con el pasto para los caballos. Estos pasaban trabajo y buscaban las plantas secas bajo la nieve profunda. Batú-Kan ordenó que dieran un plato del trigo que llevaba el convoy de carga a cada caballo de su guardia personal. Si la ventisca duraba unos días más, los caballos caerían y todo el ejército mongol perecería junto con ellos. "



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