A la sombra del granado (fragmento)Ali Tariq

A la sombra del granado (fragmento)

"El capitán general, el noble conde de Tendilla, de cuya familia procedía el sabio cardenal Mendoza, mi ilustre predecesor, afirma constantemente que, puesto que Sus Majestades han ganado la guerra, los moros adoptarán nuestro lenguaje, costumbres y religión en un tiempo prudencial. Cuando le señalé que tres mujeres moriscas habían sido vistas orinando sobre crucifijos robados de la iglesia, él respondió. «¿Pues qué esperaba, arzobispo? Después de todo, usted ordenó quemar sus libros. Esta es su venganza, una venganza blasfema, quizás, pero mejor para usted que si hubieran decidido castrarlo en medio del mercado».
Somos testigos de actitudes como ésta en nuestras propias filas. El conde tiene pocos cristianos en su séquito, pero aquellos que le asisten, se burlan abiertamente de nuestra Iglesia, bromean sobre los obispos y frailes que viven en pecado, procrean y luego asignan puestos eclesiásticos a sus propios hijos. Incluso don Pedro González de Mendoza —el cardenal que en su lecho de muerte os pidió que yo ocupara su lugar, el hombre que defendió vuestra causa antes de que llegarais al trono, el noble antecesor de nuestro valiente capitán general— tuvo siete hijos con dos mujeres de la más augusta nobleza. Don Pedro, como Su Majestad la reina sabe, era llamado comúnmente «el tercer monarca» y no hacía ningún daño a ojos de aquellos que le servían. El otro día, un moro me interceptó en unos jardines cercanos al palacio y me preguntó con cortesía. «¿Se encuentran bien sus hijos, Vuecencia? ¿Cuántos tiene?». Aunque es probable que no tuviera malas intenciones, sentí deseos de arrancarle su blasfema lengua y enviarlo a arder en el infierno.
Soy consciente, por supuesto, de que se trata de una vieja enfermedad, alentada en el pasado por nuestro más erudito obispo, Gregorio de Tours, cuya familia, seiscientos años después del nacimiento de Nuestro Señor, controló durante muchos años la Iglesia en el centro de Francia. "



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