Ejercicios respiratorios (fragmento)Anne Tyler

Ejercicios respiratorios (fragmento)

"De momento, todo aquello era cierto, pero Maggie había omitido muchas cosas. O tal vez no las había omitido, sino que, por alguna razón, las había embellecido, como la imagen de su hijo: un «músico» dedicado a su carrera con tal intensidad que se había visto forzado a descuidar a su «esposa» y a su «hija». Ira nunca había visto a su hijo como «músico». Lo veía como a un estudiante que habiendo plantado sus estudios necesitaba un empleo fijo. Y nunca había visto a Fiona como a su esposa, sino más bien como a la amiga adolescente de Jesse, con su velo de deslumbrante cabello rubio, en absoluto incongruente con una corta camiseta y unos pantalones tejanos estrechos, mientras que para ellos la pobrecita Leroy apenas sí había sido algo más que un cachorrito, un animalito de trapo ganado en un puesto de feria.
Guardaba un vivo recuerdo del aspecto de Jesse la noche en que lo arrestaron, cuando tenía dieciséis años. Le detuvieron junto con varios de sus amigos por borrachera pública. Luego resultó que era la primera vez que sucedía, pero Ira quiso cerciorarse de ello, de modo que, a fin de mostrarse severo con él, insistió en que Maggie se quedara en casa mientras él se iba solo a depositar la fianza. Se sentó en un banco de la sala de espera pública y, finalmente, apareció Jesse, doblado entre dos policías. Era evidente que le habían esposado las muñecas a la espalda y que en algún momento había intentado pasar a través del círculo formado por sus propios brazos a fin de poder colocar las manos delante de sí. Pero, o se había rendido o le habían interrumpido en plena maniobra, de modo que cojeaba, perdiendo el equilibrio, retorcido como el monstruo de una atracción de segundo orden, con las muñecas atrapadas entre las piernas. Al verle, Ira había experimentado la más compleja mezcla de emociones: estaba enfurecido con su hijo y también con las autoridades por exhibir la humillación de Jesse, y sentía unas ganas salvajes de reír, y un doloroso y desbordante sentimiento de lástima. Jesse llevaba arremangadas hasta los antebrazos las mangas de la chaqueta, como entonces estaba de moda (algo que los chicos jamás hacían en los tiempos de Ira), y eso le hacía parecer todavía más vulnerable. Y lo mismo sucedió con la expresión de su rostro después de que le quitaran las esposas y pudiera mantenerse derecho, si bien se trataba de una expresión terriblemente desafiante y Jesse se negaba a reconocer la presencia de Ira. Ahora, cuando Ira pensaba en Jesse, se lo imaginaba siempre como aquella noche: la misma combinación generadora de exasperación y patetismo. Se preguntó cómo lo vería Maggie. Tal vez ella ahondaba más en el pasado. Tal vez lo recordaba cuando tenía cuatro o seis años, un chiquillo hermoso, de particular simpatía, sin más problemas que los que solían tener los chiquillos de su edad. En cualquier caso, seguro que no lo veía como era en realidad. "



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