Días de nevada (fragmento)Bernardo Atxaga

Días de nevada (fragmento)

"El cementerio estaba en lo alto de una colina, y el cortejo fúnebre empezó a subir la ladera con la misma lentitud y gravedad con que sonaba la campana de la torre de la iglesia. Una vez arriba, cuando nos disponíamos a entrar en el cementerio, nos llamaron a los primos para llevar el féretro a hombros. Yo me situé en la última posición, detrás de mi hermano mayor, a la par de Didi. Poco después, todos los parientes, los que nos reuníamos el día de San Juan y muchos más, formamos un círculo alrededor del hoyo cavado en la tierra, y el sacerdote dio inicio al responso. Observé de nuevo los rostros, quién lloraba y quién no: mi tío, sí; mi tía, sí; mi madre, sí; mi padre, no; Miguel, sí. Y lo que más me sorprendió: Didi y mi hermano mayor también lloraban. Por lo que respecta a mi hermano pequeño, hizo una cosa rara: dio un salto y se metió en el interior del hoyo. Lo sacaron enseguida.
A unos quinientos metros del cementerio había una chatarrería y empezaron a llegar ruidos de golpes, como los de un martillo contra el yunque, arruinando la atmósfera creada por las campanadas de la iglesia. El sacerdote frunció el ceño y calló un momento; pero los golpes arreciaron, y el sacerdote dio fin al responso apresuradamente. Mi tío y mi tía cogieron un poco de tierra, la besaron y la arrojaron sobre el ataúd. Los demás hicimos lo mismo. Se aproximaron los enterradores y procedieron a rellenar el hoyo.
Todos emprendieron la bajada del cementerio al restaurante, y yo también. Pero primero pasé por casa y llamé a Luis para pedirle el teléfono de Cornélie. "



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