El cardenal (fragmento)Henry Morton Robinson

El cardenal (fragmento)

"La profunda fe católica de Glennon le hacía creer que la divina voluntad, expresada a través del Colegio de Cardenales, hallaría perfecta satisfacción, quizá de manera inescrutable, en el nombramiento del sucesor de Pedro. Quienquiera fuese elegido para lucir la mitra, sería el escogido por Dios. Sin embargo, la aceptación de esta verdad no obligaba a Glennon a acatarla dócilmente. Como cardenal elector, se consideraba tan fidedigno vocero de Dios como cualquier cardenal italiano. Y como tenía el derecho teológico de considerarse un instrumento de la voluntad del Señor, alimentaba muy definidas ideas respecto del próximo ocupante del trono vacante del Pescador.
El candidato predilecto del cardenal era su viejo amigo Merry del Val, ex secretario de Estado. ¡Qué magnífico Papa habría sido! Glennon se imaginó en el conclave reuniendo discretamente votos para su candidato. En su imaginación, lograba persuadir a las delegaciones francesa, irlandesa, española y sudamericana. El cetro italiano comenzaba a resquebrajarse. Glennon comenzó a contar los votos con los dedos.
Al llegar al pulgar de su mano izquierda comprendió que aquello era absurdo. En lugar de hacer sus maletas para partir a Roma, permanecía sentado en Boston, eligiendo un pontífice imaginario. ¡Ridículo! Pero ¿no era aún más ridículo atravesar cuatro mil millas de océano para arribar a Roma cuando el conclave hubiera terminado?
Su humildad lo impulsaba hacia Roma, en tanto el temor de la humillación lo retenía en Boston.
Al salir de la capilla estaba el cardenal más perturbado que al entrar. Cuando se internó en la Torre vio a su secretario clasificando, como de costumbre, la copiosa correspondencia. La palidez del rostro de Stephen asustaba… Glennon pensó que se parecía a San Antonio al salir del desierto. "



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