Aprendiz de persona (fragmento)Paulina Crusat

Aprendiz de persona (fragmento)

"Rosi se ha muerto. Está ahora en el cielo, se ha vuelto un ángel. Monsi siente como un desgarro, una especie de agujero que se abre dentro de uno y por el que conviene no mirar. Tal vez tenga, sin saberlo, ganas de echar una lágrima; pero la sensación de piel mojada con que le han llenado la cara no tiene sentido, ni relación con el acontecimiento; la segunda parte de la explicación, francamente, tampoco. Es sano repetirse que Rosi está contenta, como pretenden las personas mayores que, en general, casi todo lo saben. Nada más. Monsi no intenta un solo instante figurársela con ese disfraz de ángel que da una idea de alas pegadas con tafetán como el bigote de gato. El niño del pesebre y los pastores son una cosa humana, el cielo está muy lejos. Una vez se ha cumplido con él, tampoco, la verdad, tiene mucho sentido. Hay ese agujero que se ha abierto dentro de uno y es por allí por donde Rosi se ha ido. Conviene no mirar, no se debe mirar. Es una de esas cosas que todavía no son para uno. Casi un pecado, un mal pensamiento, como la mano o la idea del niño. 
Antes se eran siempre dos. Ahora solo se es uno. El recuerdo vacilante se manifiesta sobre todo como un hueco. Antes se eran dos y todo resultaba más fácil. Todo se repartía, ahora caen sobre uno toda la atención y todo el esfuerzo. ¿Qué esfuerzo? Monsi no lo sabe, ni es capaz de preguntárselo; jamás, en apariencia, se ha esforzado menos. Se deja ir, en estos meses de otoño en Sitges. Pero, de algún modo, la vida pesa en las manos. Hay una exigencia en el aire que se refiere a ella y que ya no es solo la de que obedezca y no se manche. Y hay un pequeño esfuerzo, constante, inefable pero perceptible, un trabajo de creación más tenso para mantener vivo no sé qué mundo de lujo, que enfunda el otro que es feo, y darle sentido a lo que naturalmente lo tenía cuando se eran dos. 
El hueco ¿de quién? Tampoco eso se lo pregunta uno a los seis años. Monsi no piensa en Rosi —antes espantaría la triste idea si supiera espantar ideas y si hubiera idea que espantar. Pero, ¿qué idea va a tener si no se acuerda? Solo una sombra que, durante algún tiempo, la sigue como cosida a sus gestos, desprendiendo un poco de obscuridad. El día en que se pregunte: —El hueco, ¿de quién? Ya no encontrará más que esa sombra, o una nubecilla rosada y morena, de algún modo muy mansa y suave, una maraña musgosa de rizos entre la castaña y la caoba. Y el vestidito rosa, hermano gemelo del vestidito azul de la fotografía del sillón. Ese pliegue de labios, esa pupila de terciopelo de los retratos, los aprende uno en papel, no son cosa viva. Pero la memoria dirá también que hubo en otro tiempo un ser dos que era como ser uno, sólo que con menos esfuerzo; y que esa ausencia de recuerdos salientes y de cicatrices quiere decir que Rosi era muy buena. "



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