Cómo llegué a conocer a los peces (fragmento)Ota Pavel

Cómo llegué a conocer a los peces (fragmento)

"Y gritando un sinnúmero de consignas diferentes, besaba a Honza. Cuando este zarpó, se acochó a dormir en la orilla opuesta junto al cañaveral, como un cachorro. Al regresar a mi lado, Honza se había entristecido, quizá por nuestra causa, por cómo habíamos actuado, o quizá a causa de la vida, por cómo es. No volvimos a pescar y continuamos la singladura, con nuestra bandera Ontario a media asta.
El sol, sin embargo, nos enmendó. Se podría decir que el sol es a menudo el medicamento azufrado de los psiquiatras celestes, que lo administran para ahuyentar la tristeza y levantar el ánimo.
El sol es a veces más efectivo que las pastillas suizas Noveril o las americanas Aventyl HCI. El sol es también una toalla de felpa amarilla que nos enjuga y un secador que nos seca. El sol se mete de un salto en nuestro corazón para caldearlo cuando lo tenemos frío, como los perros el hocico.
En el Vltava, que es, como se sabe, algo más ancho que el Luznice, subimos la canoa, con el consentimiento de los almadieros, a unas almadías flotantes. Queríamos descansar sin dar palo al agua durante un par de días. Se trataba, casi con toda seguridad, de las últimas almadías y de los últimos almadieros, capitaneados por el tío Pisinger, de setenta y cinco años, al que solo le quedaban ya dos dientes y una gorra blanca de visera chulesca. "



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