Acerca de los herejes (fragmento)Sébastien Châteillon

Acerca de los herejes (fragmento)

"Es decir, si ellos habían llegado a concebir tal inquina, si tal era la ignominia de su impudencia y si tal era su maligno apego a las maledicencias, su capacidad de juicio y discernimiento sin duda estaría corrompida y podrían acusar incluso a más de una decena de hombres de cometer herejía y sólo serían tratados con piedad en el caso de que se retractaran públicamente de sus abominaciones. Primeramente, si no soy víctima de un razonamiento equívoco, sería señalado aquél que actuara con funesta perfidia, aduciendo secretas razones para que fuera recluido en prisión. Y luego se esgrimirían, a modo de excusa, diversos artículos legales, en parte falsos y en parte depravados. Si tratara de defenderse y expugnar aquellos juicios temerarios, su ineludible y fatal destino sería la cárcel. Si tratara de hallar la palabra oportuna, sucumbiría ante la incontinencia verbal de la élite monacal y la sentencia procesal sería definitiva. Sólo habría que aguardar que ésta fuera cumplimentada por el verdugo. La incontinencia acusatoria de un teólogo ex re sumía al acusado en las sombras de la cautividad. Y su ánimo se apresuraba a guardar dicha sentencia, ser condenado y que su nombre fuera consignado en el registro civil por un juez laico. Dicha autoridad, no por el conocimiento que atesoraba, sino en virtud del juicio teológico previo, arrojaría al fuego al reo. El teólogo sería en realidad el verdadero instigador y ejecutor de ese vil asesinato, presidiría la tortura. Me pregunto cómo podemos permanecer impertérritos ante tal derramamiento de sangre. ¿Acaso estamos cegados por el odio, la ambición o la burda codicia? Ni siquiera el venerable Béda es capaz de excusarse en su libro con respecto a este tipo de asuntos comerciales. Sin embargo, yo mismo llegué a conocer a alguien, cuyo nombre me abstengo de pronunciar, dado su amargo sino y confío en que el verdadero Dios sea su juez interlocutor, antes que cualquiera de estos otros. Y aunque no refiera todo ello para apoyar a los herejes, por quienes siento una execrable aberración, repudio también a estos otros vindicantes. Desde luego que no defenderé la causa de ninguno de ellos, a pesar de que sean tratados con la mayor dureza posible, si sé que es cierto que profesan una herejía sediciosa e incurable. "


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