El libro de los piratas (fragmento)Howard Pyle

El libro de los piratas (fragmento)

"Mientras el honorable Harry, que no tenía estómago para aquellos combates ni ningún otro particular interés en la contienda, intentaba abrirse camino hacia la puerta, un pequeño portugués, tan enjuto y ágil como un mono, se acercó arrastrándose hacia la mesa con la intención de clavarle en el estómago un largo cuchillo que, de haber dado en el blanco, seguramente habría terminado con las aventuras de nuestro héroe. Al verse en peligro, Harry levantó una pesada silla y se la arrojó a su enemigo, que se preparaba para un nuevo asalto, corriendo acto seguido hacia la puerta con la sensación de que en cualquier momento iba a sentir el afilado acero entre sus costillas.
Una multitud considerable se había reunido en la entrada y muchos otros se acercaban a ver lo que estaba ocurriendo. Allí se quedó nuestro héroe, temblando como una hoja mientras un sudor helado le recorría la espalda como si fuera agua fría.
No debéis pensar que fuera un cobarde, pues apenas tenía dieciséis años, y aquélla fue su primera experiencia de tal índole. Más adelante veréis que también era capaz de mostrar gran valor en los momentos de apuro.
Mientras permanecía en el exterior, intentando recuperar la compostura, el tumulto continuaba dentro hasta que, de repente, salieron corriendo por la puerta dos hombres seguidos de una marabunta de combatientes. El primero era el capitán Sylvia; el otro, que le estaba persiguiendo, era el capitán Morgan.
La multitud se apartó de su paso y el capitán español, creyendo ver una vía de escape, cruzó la calle con increíble rapidez hacia una callejuela que se abría al otro extremo. El capitán Morgan, que veía que su presa estaba a punto de escapar, sacó la pistola del cinturón, la apoyó en el brazo para poder apuntar mejor y disparó al hombre que huía, y lo hizo con tanto tino y puntería, a pesar de que la calle estaba repleta de gente, que el fugitivo calló rodando sobre sí mismo hasta quedar boca abajo, tan quieto como una losa.
Al oír el disparo y ver el cuerpo que caía, la multitud huyó corriendo por las esquinas, gritando aterrada, hasta que la calle quedo completamente limpia. El capitán Morgan, pistola en mano, se acercó rápidamente al lugar en donde yacía su víctima, seguido de cerca por nuestro héroe.
El pobre Harry jamás había visto hasta entonces el cadáver de un hombre que unos momentos antes había estado lleno de vida y de vigor, pues cuando el capitán Morgan dio la vuelta al cuerpo se dio cuenta en seguida, a pesar de lo poco que sabía en la materia, de que el hombre estaba completamente muerto. No era una visión agradable para aquel muchacho que casi era un niño todavía. Se quedó quieto contemplando el rostro sin vida con los brazos y piernas temblorosos. Mientras tanto la multitud volvió a congregarse a su alrededor. "



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