En un biombo chino (fragmento)William Somerset Maugham

En un biombo chino (fragmento)

"Sí, pero no siempre sale el sol. Hay días en que una lluvia fría se abate sobre uno, días en que el viento del nordeste nos hiela hasta el tuétano de los huesos. El calzado y el abrigo aún están húmedos del día anterior, deberán pasar tres horas hasta el desayuno. Uno camina a la insulsa luz del amargo amanecer, con cuarenta kilómetros por delante, sin nada que esperar al final de la jornada, salvo la sórdida incomodidad de una posada china. Allí lo esperan las paredes despojadas, un suelo húmedo y pegajoso, de tierra batida, donde podrá secarse de mala manera junto a un brasero de carbones encendidos.
Piensa entonces en su placentera habitación de Londres. El aguacero que azota las ventanas solo consigue que sea más de agradecer el calorcillo del interior. Uno se sienta junto al fuego con la pipa en la boca y lee el Times de la primera palabra a la última, aunque no los editoriales, por supuesto, ni los artículos de fondo, sino las columnas de anuncios por palabras, sobre todo los de quienes buscan a un familiar desaparecido, y los anuncios de las casas de campo que uno jamás podrá comprar. (En los cerros de Chiltern, con terreno particular de sesenta hectáreas, jardines espaciosos, huerto, frutales, etcétera, casa de estilo georgiano en perfecto estado, carpintería y chimeneas originales, seis salones para recepciones, catorce dormitorios y dependencias al uso, fontanería y sanitarios modernos, establo con habitaciones y un garaje excelente. A cinco kilómetros de un campo de golf de primera categoría). En tales ocasiones sé que los señores Knight, Frank y Rutley son mis autores favoritos. Los temas de que se ocupan, como los lugares comunes que conforman el material de toda la poesía de altura, nunca se pasan de moda; su dicción, como la de los grandes maestros, es característica, aunque al mismo tiempo sea variada. Su estilo, como el de Confucio según los sinólogos, es compacto y deslumbrante, sucinto y sugerente; combina de un modo admirable la exactitud con una imaginería tan amplia que la imaginación del lector goza de entera libertad para volar. Su dominio de vocablos tales como mamparo, de acepciones tangenciales de palabras como pedestal, cuyos significados seguramente llegué a saber en su día, aunque hace años que para mí son un misterio, resulta asombroso. Saben jugar con los términos técnicos con el mismo ingenio de Rudyard Kipling, y revestirlos de la brillantez céltica que parece privativa de W. B. Yeats. Han combinado sus individualidades de un modo tan cabal que desafío al crítico literario más exigente y perspicaz a que detecte las huellas de una autoría compartida. En la historia literaria no faltan ejemplos de colaboración entre dos escritores, y los nombres emparejados de Beaumont y Fletcher, Erckmann-Chatrian, Besant y Rice, enseguida acuden a nuestra memoria; ahora que los eruditos han destruido aquella creencia en la triple autoría de la Biblia que me fue inculcada en mi juventud, lanzo la conjetura de que el caso de Knight, Frank y Rutley es de veras único. "



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