En el hipódromo (fragmento)Manuel Gutiérrez Nájera

En el hipódromo (fragmento)

"Mas ¿Quién piensa en la caída mortal cuando caracolea el caballo, coqueteando en la arena del turf ni en el minuto trágico del duelo, cuando la bella peligrosa se apoya en nuestro brazo para lanzarse al torbellino rápido del vals? Yo en las carreras pensaba en usted, ¡oh gran dominadora!, y en las apuestas que había hecho en la oficina. El juego es la suprema sensación para aquéllos que no conocen el amor, ese otro juego en que se apuesta el alma. Pero el juego, en el hipódromo, es el juego hecho carne, la sensación de dos mil metros; el juego con peripecias y sobresaltos; el juego que ase a su víctima por los cabellos y la columpia en el espacio. ¡Qué hermosa es "Taxation"! Sus movimientos están ajustados a un ritmo cadencioso; la baña el sol por todas partes, anda como una reina de quince años en el momento de subir al trono. "Júpiter" es el mozo arrojado que, como Paolo, besa en los labios a la que ama, aun cuando tenga sobre el pecho la punta del puñal que va a matarle. ¿Y Maretzek"? ¿De dónde viene ese nobilísimo extranjero? Es un nabab que se pasea en las calles de París. Mira con altivez a los demás y pasa imperturbable, seguro de sí mismo y olfateando la victoria. Pero el "Águila" no obedece a las leyes de la gravedad y parece que tiene alas adentro, y "Caracole", traveseando como una locuela, se burla de los demás y sabe que ninguno podrá disputarle el triunfo. Parten ya: el "Halcón" sale disparado como una enorme piedra negra arrojada por la onda de un gigante, y parece que la pista se va enrollando delante de él, como una pieza de paño gris en torno de un cilindro giratorio. "Halcón" vence hasta ahora; pero el "Águila", que no ha querido fatigarse y que avanza tranquila, arranca con una fuerza extraordinaria, aprovechando la fatiga del contrario, y le alcanza en la curva de la pista, y le pasa, y entre vivas y aplausos, llega a la meta sin una gota de sudor, altiva e impasible como el poeta que, terminada su tragedia, sale al escenario y escucha los aplausos, sin agradecerlo, como no agradece el sol las miradas sumisas de los hombres. "


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