El doctor nativo (fragmento)A. J. Cronin

El doctor nativo (fragmento)

"Mientras ellos conferenciaban arriba, Robert se dedicó a pasear por la terraza, preguntándose por enésima vez qué debía hacer.
¿Habría oído bien Mary Benchley las palabras de madame? ¿Tenían justificación sus sospechas? El estado de ánimo de la joven se hallaba en aquellos momentos bajo los efectos de una gran tensión nerviosa, pero Mary era una mujer sana y bien equilibrada.
Pero ¿qué podía hacer aun teniendo la prueba de lo que Mary había oído? ¿Acaso habría sido prudente ir a decirle al millonario: «Su esposa y Henri Lamont están tramando asesinarle...?».
No, no; lo único que podía hacer era mantenerse alerta, intensificar su vigilancia y... esperar. «Algo ocurrirá muy pronto!», se dijo Robert. Aquella sensación de sucesos inminentes, de vivir al borde del cráter de un volcán, no podía durar mucho tiempo.
No obstante, continuó al día siguiente y al otro. La tensión iba en aumento. Madame deambulaba por la casa en un estado anhelante y reprimida expectación. Henri Lamont, menos dueño de sí, ahogaba su inquietud en alcohol. Natalie se mostraba más deprimida y propensa a la irritación que nunca, y la anciana servidora, Lucía, merodeaba continuamente, mientras hablaba consigo misma en un interminable diálogo. Únicamente el señor Defreece conservaba su habitual compostura.
Pero la tensión hizo crisis en la mañana del tercer día.
Al principio todo pareció transcurrir como de costumbre. Cuando bajó de su dormitorio, Robert salió a la terraza. El cielo estaba cubierto de densos nubarrones y la presión atmosférica era extraordinaria. En el aire se cernía la amenaza de una tormenta.
Centenares de insectos zumbaban en el espacio, y ya se oía el croar de las ranas en la lejana ciénaga. El grupo de cabañas de los peones parecía abandonado. Algunos hombres trabajaban en los campos, pero la mayoría estaban en huelga. Hasta los niños aparecían silenciosos, cosa inusitada en ellos.
El señor Defreece salió temprano. Frente al pórtico lo esperaba ya el Rolls-Royce amarillo. El multimillonario prefería aquel coche a la vulgar camioneta. Esto era ya algo característico en él.
Cuando Robert estaba en la terraza, apareció Defreece, que vestía un traje de hilo, de un tono castaño claro. "



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