Esos rostros oscuros (fragmento)Augusto Roa Bastos

Esos rostros oscuros (fragmento)

"Llegó con una valija negra grande y con ese extraño perrito blanco que tenía una cinta celeste atada al cuello y olía con el mismo perfume que ella. Tan chico que parecía un juguete vivo, ladrador.
Bajó del sulky hermosa, opulenta. No había cumplido aún los diecisiete años, pero parecía ya una mujer robusta y granada de veinticinco. La tez como las magnolias, bajo la cabellera oscura. Pálida y ojerosa. Demasiado blanca y espigada. Orgullosa, o quizá solamente reservada.
Mientras bajaba, un golpe de viento removió el vestido y mostró parte de la pantorrilla mórbida y gruesa, como el tronco de un árbol recién despellejado. Alderete, que le tendía la mano para ayudarla, giró el rostro para no ver, gritando con ira repentina a Juancho cualquier cosa. El muchacho viboreó junto al sulky sin saber qué hacer. Ese resplandor de vientre de pescado también lo había cegado a él pateándole el estómago hético con la coz de una mula, removiendo sus irremediables catorce años, su pubertad baldada por el mal. "



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